Nada que ver el 2010 del Presidente Mujica con el 2011. Cuando asumió su mandato -con un recordado discurso ante la Asamblea General- se preocupó, a diferencia de su antecesor, por tender puentes hacia la oposición, instaló el diálogo y la participación en el control de la gestión de gobierno mediante su integración a los Entes Autónomos. No apostó sólo a la fuerza de sus mayorías automáticas sino que reconoció que la mitad del país que no lo votó también tenía derecho a ser escuchada. En el Conrad llamó a los inversores y les garantizó seguridades. Puso sobre la mesa el tema de la Reforma del Estado y utilizó su legítima autoridad para encauzar a los sindicatos (el episodio del Ballet del Sodre encabezado por Julio Bocca fue emblemático) y concluyó con la declaración de esencialidad, doblegando a Adeom en Montevideo. Cerró con un balance aceptable.
Pero el 2011 fue el año de la entrega, de la rendición incondicional a las veleidades de su partido (o de ciertos sectores) y del corporativismo sindical, pese a que muchas veces sus palabras parecieron apuntar a otra cosa. Más que nunca quedó al desnudo que el gran problema no pasa por lo que Mujica dice, sino por lo que Mujica hace que son cosas totalmente independientes e incluso incompatibles. No aplica aquello de que "el hombre es rehén de sus palabras y dueño de sus silencios", porque para él lo que vale es "como te digo una cosa te digo la otra". Y ha llegado al extremo de no solo manipular e incumplir su palabra, sino también su juramento presidencial de "guardar y defender la Constitución de la República", como ocurrió con la Ley de Caducidad.
A poco de cumplir dos años de gobierno, esa actitud del Presidente ha derivado en una pérdida peligrosa de calidad institucional. Y si la mano no se para a tiempo, es difícil después retornar el camino. Parece como si la dictadura o los ejemplos de la que ocurre en otras partes del continente -con Chávez a la cabeza- no hubieran dejado enseñanzas.
¿Qué influye para ese constante y reiterado cambio de criterios? No hay dudas de que en primer lugar, es la propia personalidad de Mujica, de por sí anárquica y sin una línea política bien definida. Pero junto a ella juegan otros factores. Veamos:
1) Su partido: está claramente dividido. Hay sectores moderados (Frente Líber Seregni) que deben convivir y coordinar con grupos radicales obtusos (Partido Comunista, MPP). En el medio, una fuerza con más historia que presencia, como es el Partido Socialista, que va para un lado o para otro.
2) El doble centro de manejo de la economía: esa dualidad política se ha trasladado al campo económico, uno de los baluartes de coherencia de las administraciones frenteamplistas y que ligaban el mandato de Vázquez con el primer año de Mujica. Ahora no se sabe quién marca el rumbo económico y se votan impuestos al agro contra la voluntad del vicepresidente Astori, del ministro de Economía y del ministro de Ganadería. ¿Quién manda, entonces?
3) Los corporativismos: los sindicatos han ido transmutando hacia el corporativismo liso y llano. Hay muchos ejemplos, pero el de la enseñanza es el más emblemático. Se sienten con derecho a desafiar a todo el poder político, es decir, a todos aquellos que han sido electos por voto popular y secreto: los legítimos representantes de los ciudadanos. ¿Quién les dio esa superfuerza y qué se hace para terminar con ella?
4) La discusión domiciliaria: la señora de Mujica -Lucía Topolansky- es la primera senadora de su partido y la segunda en el orden de sucesión presidencial. El Presidente empieza y termina sus días en su chacra y obviamente que el tema político debe ser prácticamente el que monopolice las conversaciones del matrimonio. ¿Cuántas y qué ideas, cuántos cambios de opinión, cuántas marchas y contramarchas del Presidente, habrán surgido o muerto en esos diálogos?
5) La oposición: hasta ahora ha sido extremadamente paciente. Pero todo tiene un límite. Los días corren, dan vuelta las páginas del almanaque y las soluciones a problemas imperiosos no aparecen. ¿Cuál es el panorama en materia de seguridad, educación, vivienda, obras públicas, salud pública, comunicaciones, relaciones internacionales o el que el lector elija? Menos diez como a la conga, y en cualquier momento se va a hartar y arrancará para "las cuchillas".
No hay dudas que o hay un drástico golpe de timón o las predicciones mayas para 2012 van a caer sobre nosotros.