Cuando la sociedad se pintaba en blanco y negro

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Historias cruzadas

Ficha

EE.UU. 2010. Título original: The Help. Dirección y guión: Tate Taylor. Música: Thomas Newman. Fotografía:Stephen Goldblatt. Montaje: Hughes Winborne. Intérpretes: Emma Stone, Viola Davis, Octavia Spencer, Jessica Chastain y Bryce Dallas Howard.

Los de arriba y los de abajo. Las mucamas negras cuidan a los niños blancos en el Sur estadounidense de 1960, como emblema de una sociedad que todavía ejercitaba su duro racismo. Cien años después de una guerra civil que había liberado a los esclavos africanos, la situación tenía pocos cambios, porque los negros no podían usar los mismos baños, las mismas universidades ni las mismas tiendas que los blancos. A pesar de Roosevelt y de la llegada de Kennedy, el beneficio de la democracia solo estaba disponible para la población caucásica, hasta la aprobación de las leyes de Derechos Civiles en 1964, que finalmente abrió el viejo portón entre las razas. Los sureños de 1960 no podían imaginar que 50 años después Estados Unidos iba a tener un presidente negro y en la época se habrían reído si alguien lo hubiera insinuado.

El problema racial había asomado en el cine desde la glorificación del Ku-Klux-Klan en El nacimiento de una nación (1914) hasta la indulgencia con que Lo que el viento se llevó trataba en 1939 a la esclavista aristocracia del Sur. Entre esas dos fechas, una enorme hilera de dramas y comedias de Hollywood solo admitía actores negros en papeles de cocineras, mayordomos o mozos de ferrocarril. El cambio comenzó gradualmente con planteos como el de Pinky (1949) y poco a poco incorporó papeles protagónicos para negros en títulos como Fuga en cadenas (1958). En 1963, Sidney Poitier fue el primer negro que recibió un Oscar como mejor actor del año. La primera negra en obtener el trofeo había sido Hattie McDaniel 24 años antes, pero no la invitaron al banquete con que la Academia homenajea a los ganadores. Después irían llegando los testimonios como Mississippi en llamas (1988) que ya denunciaban con toda crudeza las atrocidades cometidas poco antes al amparo del racismo.

El tema de esta película sirve para pintar aquel cuadro con una interesante descripción de las relaciones entre sirvientes dóciles y patrones bien entrenados para aplicar un risueño despotismo sobre ese personal doméstico.

El panorama está revestido por una minuciosa reconstrucción de época en referencias políticas, ropa, decorados y automóviles, para que el pasado pueda revivir debidamente, pero además está ilustrado por episodios bien observados, donde la discriminación es tan férrea como una ley natural y el segregacionismo parece un hecho tan sencillo como la respiración.

Lástima que el relato comete luego dos pecados. Se prolonga demasiado con anécdotas que se alargan sin crecer ni añadir nada sustancial, e incurre en un sentimentalismo final tan imperdonable como la mentalidad que el tema registraba. Allí el espectador deja de creer en un alegato que era útil y había empezado dando buenos pasos y diciendo algunas verdades.

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