RUBEN LOZA AGUERREBERE
Mañana, 6 de enero, cumple años un célebre personaje imaginario. Su nombre es Sherlock Holmes, quien, como sabe el lector, es casi tan real como su propio creador, Sir Arthur Conan Doyle, quien tenía cinco años menos que el célebre personaje que imaginó. Porque Holmes, gracias a la pluma y la imaginación de este escritor, tiene una larga biografía, bien ordenada, con numerosos acontecimientos y no sólo policíacos sino de variadas actividades.
Veamos. Holmes había nacido en 1854. Hoy tiene 158 años. Por tanto, ha sobrevivido a su progenitor, el escritor e historiador Conan Doyle, nacido en 1859. Sabemos (todos) que era un hombre alto, delgado, de nariz afilada, con maneras excéntricas y un poco antisocial. Le gustaba tocar el violín, fumaba en pipa y, por cierto, usaba capa. Dicen los biógrafos que su personalidad fue modelada por el autor tomando algunos rasgos del Dr. Joseph Bell (de la "Royal Infirmary", de Edimburgo), a las que sumó manías del propio autor.
Recordemos que Conan Doyle era médico y combatió en África del Sur, que escribió varios libros de historia, que eran sus preferidos, pero no fue por estos que pasó a la posteridad. Lo hizo gracias a las andanzas del venerable Sherlock Holmes, un personaje imaginario que logra salir del libro y vivir con el lector.
Otro detalle: las aventuras de Sherlock Holmes están contadas al lector, todas ellas, por quien fuera su entrañable amigo y fiel escudero: el Dr. John Watson. La primera de ellas ocurrió cuando Sherlock Holmes solucionó el enigma (vivía ya en la célebre dirección del 221B de Londres) que se cuenta en el libro "Estudio en escarlata", el 31 de octubre de 1886. Como todas sus andanzas son narradas por esa perspectiva personal, Watson se permite asombrarse y elogiar las deducciones del héroe, al que admira sin límites. Recordemos de paso, pues hay mucha literatura sobre la literatura, que esa célebre frase que todos los lectores conocen, "Elemental, Watson", no es de Conan Doyle ni aparece en ninguno de sus libros. Sus seguidores la tomaron del cine; nació en una de sus películas.
En sesenta y seis cuentos y en cuatro novelas, Sherlock Holmes se convirtió en el parámetro de la literatura policial, gracias a la singular seducción de esta criatura. Con sus arabescos mentales y preciosismos deductivos, libró eternas partidas de ajedrez entre el bien y el mal. Su eficacia derivaba de sus insólitas: Holmes era capaz de identificar 75 perfumes diferentes, descubrir parentescos por la grafología o determinar la estatura de un hombre por su huella. Es legendario su don de observación.
Conan Doyle terminó por imaginarle una larga vida a Sherlock Holmes, quien, con los años, debió abandonar su tarea detectivesca. Y también sabemos qué fue de su vida de personaje imaginario: se marchó de Londres para dedicarse a la apicultura, que mucho le interesaba, y por este motivo, además, escribió un libro de largo título: "Manual Práctico de Apicultura, con algunas observaciones sobre la Segregación de la Abeja Reina".
También hay se sabe la fecha del fallecimiento Holmes; fue en 1947, a los 103 años de edad. Se cumplen 65 años de su muerte. Borges, que tanto lo admiraba, le dedicó un poema célebre donde dice: "Atiza en el hogar las encendidas ramas/ o da muerte en los páramos a un perro del infierno. / Ese alto caballero no sabe que es eterno...".