LA COLUMNA DE PEPE PREGUNTÓN
Ocurrió el 13 de octubre pasado. Pero pasó inadvertido. Fue durante la visita que una delegación de la Cámara Metalúrgica realizó a la Comisión de Legislación del Trabajo de la Cámara de Diputados, en medio de una de las dos huelgas con ocupación de plantas y piquetes sindicales que ese sector debió enfrentar en 2011.
A sus 68 años, el empresario Luis Pinasco -un portugués de nacimiento que muy joven debió emigrar a Uruguay- pidió la palabra. Padre y abuelo, dijo que sentía la necesidad de hablar con franqueza. Y así fue que terminó por poner en palabras los que muy pocos se animan a decir en los ámbitos que corresponde.
Frente a los legisladores, Pinasco dijo sentirse "muy mal" por lo que está sucediendo en Uruguay, un país del que se enamoró no bien llegó "por su Constitución y su respeto a las leyes". Recordó que su empresa dio trabajo a más de 80 personas. "Hoy tengo solo 8 personas trabajando. Mis hijos se dedican al comercio, ganan mucha plata, y tienen menos dolores de cabeza que yo. Ellos me preguntan: `Papá, todavía vas ahí?`. Y yo les digo que sí, porque siempre fui industrial. Mi padre me hizo industrial", explicó.
Pinasco rememoró los tiempos en que empresarios y trabajadores cerraban acuerdos con un apretón de manos. "A veces, a los 60 días, se firmaba algo. Los dirigentes eran personas de palabra. No sucedía como ahora, que a la semana de un acuerdo firmado se inventa otra novedad para que siga el circo", advirtió.
Hoy las cosas han cambiado. "Ahora los gremios son combativos. ¿Qué es ser combativo? ¿Ocupar las empresas? Acá hay que dar un tirón de orejas por los métodos que se utilizan para la negociación. Estos métodos tienen que ser muy claros y constitucionales, y todos tenemos que ser cumplidores porque es de esa forma que ganamos la confianza entre las partes", sostuvo.
"Los empresarios nos preguntamos para qué firmamos papeles si a los ocho días lo acordado ya no se cumple. Es el gran dolor que todos tenemos. ¿Por qué firmar papeles si después no valen de nada? Y después se dice que hay persecución sindical. En este momento hay persecución a los empresarios, a los inversores. Eso es lo que hay. Es más, ¿para qué traemos a los inversores? ¿Para tomarlos luego de rehenes? ¿No nos basta ya con los socios que tenemos al lado para que encima nosotros hagamos las cosas que hacemos?", se preguntó Pinasco.
El empresario pidió al Parlamento que legisle para garantizar "el equilibrio" perdido entre empresarios y trabajadores. Y hasta se disculpó por su sinceridad. "Tal vez sea por mis 68 años. Tengo hijos y nietos, y no quiero que ellos sufran lo mismo que yo y deban emigrar", concluyó.
Pinasco dijo en el Parlamento lo que muchos empresarios piensan y muchos líderes de opinión saben que sucede, a diario, en Uruguay. Su intervención debió haber disparado algunas alarmas. Pero no fue así. Pasó sin pena ni gloria.
¿Alguien tomó nota? ¿Alguien va a hacer algo para atacar este problema, que es evidente pero que nadie enfrenta? Es tiempo.
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