Un año de cruciales elecciones

El año que empieza no será el del fin del mundo como lo anticipara una antigua profecía maya, pero es seguro que será un año movido en materia de elecciones cuyos resultados tendrán alcances universales. En efecto, habrá elecciones cruciales en naciones como Estados Unidos, Rusia, Francia, México y Venezuela, en tanto el congreso del partido comunista de China designará al nuevo presidente.

Para empezar, la evolución de la situación económica será decisiva en los próximos comicios estadounidenses. Barack Obama sigue siendo el favorito, pero depende en buena medida de los datos sobre el crecimiento del país y el aumento del empleo. En la acera de enfrente, el partido Republicano no logra presentar un candidato con atractivo suficiente como para impedir la reelección de Obama, un gobernante que, con tantas promesas incumplidas, está lejos de suscitar aquel entusiasmo de sus comienzos.

Mejores que las de Obama son las perspectivas de Vladimir Putin en Rusia a quien votarán como presidente en marzo en un trueque de roles con Dmitri Medvedev, quien volverá a ser primer ministro. A pesar de la creciente protesta popular por el fraude denunciado en las recientes elecciones parlamentarias, de las acusaciones de corrupción contra el gobierno y de las críticas a Putin por sus actitudes poco democráticas, la dupla Putin-Medvedev cabalgará sobre una buena situación económica, con dos índices -inflación y desempleo- satisfactoriamente bajos.

Francia, por su parte, escenificará la clásica contienda izquierda versus derecha. El presidente Nicolás Sarkozy, lejos de aquella imagen de liberal renovador con que entró al palacio del Elíseo y más lejos todavía de haber cumplido su programa de gobierno, buscará presentarse como el estadista con suficiente experiencia como para extraer a Francia de las turbulencias que afligen a la Eurozona. En la izquierda, los socialistas, encabezados por un descafeinado Francois Hollande tentarán su vuelta al poder tras casi un cuarto de siglo de derrotas. El duelo luce parejo e imprevisible.

El viejo Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México durante siete décadas hasta que fue desplazado en 2000 por el Partido Acción Nacional (PAN) hoy en el poder, tendrá las mejores chances de vencer según los pronósticos, en cuyo caso el sucesor del presidente Felipe Calderón podría ser el joven y carismático Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México. Su mayor rival será el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) que estuvo a punto de ganar las anteriores elecciones.

La reelección de Hugo Chávez -que manda en Venezuela desde 1999- estará en juego en octubre próximo. "Yo gobernaré hasta el 2019 y si Dios quiere y tengo buena salud, hasta el 2025", anticipó el presidente que padece un cáncer del cual parece reponerse. El candidato opositor saldrá de las elecciones primarias a realizarse en febrero en las cuales, el precandidato más destacado es el gobernador de Miranda, Henrique Capriles. La campaña antichavista machacará en las denuncias de autoritarismo y corrupción contra el gobierno, la elevada inflación (30%) y el despilfarro de los fondos petroleros.

Por último, pese a su relevancia, el cambio de autoridades en China carecerá de todo suspenso. El congreso del reinante Partido Comunista designará, ya se sabe, a Xi Jimping como presidente en reemplazo de Hu Jintao. Se trata de un ingeniero de bajo perfil político, es decir, ese tipo de dirigente que viene siendo característico en un país escarmentado de líderes iluminados como Mao. Es difícil que las reformas políticas figuren en la agenda del próximo gobierno que vivirá más preocupado por resolver asuntos como estabilizar el tipo de cambio o mitigar las desigualdades entre las regiones.

Visto el panorama, también puede anticiparse que persistirán las expresiones de descontento canalizadas por fuera de las urnas o los foros partidarios. Así, en 2012 se multiplicarán imágenes de manifestantes indignados con gobernantes y políticos en plazas y calles de todo el planeta. Detrás de esas turbulencias azuzadas por consignas variopintas, alentarán las redes sociales, un instrumento de convocatoria política que llegó para quedarse. A ello habrá que añadir lo que nadie, ni siquiera lo que los calendarios mayas previeron: las sorpresas cotidianas de un mundo en ebullición.

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