Inventario de Carlos Fuentes

RUBEN LOZA AGUERREBERE

La pasada semana levantó el vuelo (a los 83 años) Carlos Fuentes, uno de los tres mosqueteros (que en verdad eran cuatro) del llamado "boom" de las letras latinoamericanas, junto a Mario Vargas Llosa, García Márquez y Cortázar. Sus restos descansarán en el cementerio de Montparnasse, en París.

Nacido en 1928, Carlos Fuentes inició su carrera literaria con "Los días enmascarados", en 1954 (al año siguiente se recibió de abogado). Y desde entonces escribió sin parar, cuentos, "nouvelles", novelas y ensayos. También fue destacado periodista. En su caudalosa obra hay que mencionar títulos inolvidables, como "La región más transparente", en busca de la identidad mexicana, y novelas como "La muerte de Artemio Cruz" (una de sus obras fundamentales por la autonomía artística con la que pinta la realidad y sus arriesgadas experiencias formales), y más cercanamente, "Instinto de Inez". En sus ensayos tocó variados temas. En "La geografía de la novela", analizó a Borges, a Roa Bastos y Salman Rusdhie. Y en los ensayos de "Los 68. París, Praga, México", escribió del mayo parisino, de la primavera de Praga y el 68 mexicano, con las muertes en Tlatelolco. Ese interminable quehacer le hizo justo merecedor de incontables premios, entre ellos, el Cervantes y el Príncipe de Asturias.

El 4 de mayo de 1999 tuve el placer de almorzar con Carlos Fuentes, gracias a la invitación del entonces Presidente Julio María Sanguinetti. En esa oportunidad, mientras le aguardábamos (era día de reunión con los ministros), conversé con Carlos Fuentes; y gracias a un "mano a mano" (que estimuló Martha Canessa) debo el título de uno de mis libros, donde reúno las biografías de diversas criaturas inventadas (Holmes, Funes el memorioso, el padre Brown, entre tantos). La idea del libro (que estaba escribiendo) le gustó, y me dijo: "Me recuerda a Marcel Schwob, pero al revés". Y, acto seguido, me sugirió el título para mi libro: "Personajes imaginarios". Y bien, editado en 2003 por "El Galeón", así se titula. Por él.

Conversamos, asimismo, de algunos autores por los que sentíamos pareja admiración, entre ellos, el fundador y director de "Le Nouvel Observateur", Jean Daniel. Le comenté que en sus memorias, "Avec le temps", lo había encontrado mencionado con Kundera. Fuentes, que recordaba esa reunión, comentó de Jean Daniel: "Está muy orgulloso de su libro". Y hablando, luego, de Vargas Llosa, me dijo: "por suerte no ganó las elecciones en el Perú, porque salvamos al escritor".

Poco tiempo después (el 30 de junio de ese mismo año), Carlos Fuentes volvió al Uruguay, integrando la delegación que acompañaba al Presidente de México, Zedillo. Esa noche, en la cena que ofreció nuestro primer mandatario, compartimos la mesa con Fuentes. Como era tradicional entonces, antes de despedirnos, intercambiamos los menús, firmados por quienes habíamos cenado juntos. Fuentes me escribió: "Rubén: qué suerte verle cada dos meses. ¡Que se repita en México! Cordialmente, Carlos Fuentes".

Su amigo Octavio Paz lo definió como "un combatiente en las fronteras del lenguaje, un explorador de sus límites". Y así fue. El lenguaje es el verdadero protagonista de la obra literaria impar de Carlos Fuentes. Imaginativo, sorprendente, visitando el ayer o como testigo de su tiempo, este mexicano universal enriqueció la literatura.

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