RICARDO REILLY SALAVERRI
Comparar situaciones como la europea con las circunstancias latinoamericanas es un despropósito. Pesan en ello los tiempos históricos -Europa fue la cuna de la Revolución Industrial y la innovación- y en el tiempo moderno, los países occidentales ajenos al socialismo real soviético, han alcanzado niveles de riqueza y soluciones sociales envidiables
No obstante, son interesantes algunos datos de la realidad europea.
Alemania, con más de 80 millones de habitantes, ubicada en 357.030 km2., y una renta per cápita que triplica la nuestra, segunda potencia económica mundial, tras los Estados Unidos de América, es sostén y vanguardia de la columna de estados integrados a la Unión Europea, que comparten una moneda común: el euro. A su vez los países mediterráneos: Portugal, España, Italia y Grecia, atraviesan una crisis sin solución a la vista. Gastaron todo lo que tenían y se endeudaron hasta lo imposible para mantener el "estado de bienestar" y hoy, les ha tocado el momento de pagar las cuentas y, están en situación próxima a la quiebra, en cesación de pagos.
El Banco Central Europeo, que tiene la imprenta del euro, ha venido brindando asistencia financiera, con emisión, para que los mencionados estados paguen sus deudas, particularmente con el sector financiero europeo, a la vez que como le pasaría a cualquier familia, les exige a cambio que ordenen las cuentas de la casa. Cortando beneficios, llámense sueldos, estabilidad laboral, empleos públicos, largos y altos subsidios por desempleo, tempranas jubilaciones y pensiones; y poniendo orden en las cuentas de la casa. Para algunos esto es recesión y -no se sabe como- dicen que en vez de ahorrar hay que aplicar "políticas de crecimiento".
Vale recordar que a impulsos de la gestión del canciller social demócrata, Gerhard Schröeder, que se desempeñó entre 1995 y 2005, Alemania elaboró lo que luego se conocería como la "agenda 2010", que supuso: 1) rebajar los impuestos particularmente a la renta de personas y empresas y achicar el gasto público; 2) aumento de la edad jubilatoria; 3) el pago privado de algunas prestaciones antes integradas a los seguros de asistencia sanitaria; y 4) una reforma laboral, conocida como las leyes Hartz.
Las leyes Hartz supusieron la creación de servicios privados de empleo temporal; la regulación de los contratos laborales conocidos como "minijobs" -empleos reducidos)- que se dirigían a los sectores de más dificultosa inserción laboral, y que son acuerdos que no aportan a la seguridad social, son de duración limitada y de costos baratos; la multiplicación de oficinas de ayuda al empleo; la supresión del sistema de desempleo que se integró a la ayuda social; y abreviando, la promoción de aumentos salariales por productividad y por empresa (cabe tener presente que Alemania tiene numerosas empresas de alta plantilla de personal que coparticipa en la toma de decisiones laborales, por medio de los comités de empresa).
Las reformas, que beneficiaron más que a su promotor a la canciller Angela Merkel, son parte de la vitalidad del país citado que conoce actualmente un desempleo del 7,2%, que es el menor de los últimos 20 años.
Este rumbo se les señala a los países europeos en estado crítico que deben adoptar. Tienen que curar ya que no supieron prevenir. ¿Podrán hacerlo?