La gente está harta

JULIA RODRÍGUEZ LARRETA

Brotó con la fuerza que produce la indignación. Pero es una furia que nada tiene que ver con la de los españoles. Se origina en el miedo y la desesperación que hoy padecen los uruguayos.

Tal como el año pasado en la marcha de Carrasco, fueron miles los que se acercaron hasta la Plaza Independencia cuando llegaba la noche. Cuando cae la oscuridad, como le cayó a Paola, la madre de los mellizos de 8 meses y a otros 3 hijos de Gastón Hernández, un hombre joven que trabajaba duramente para mantener a los suyos, quienes de golpe perdieron a su marido y a su padre. Un hombre de tan solo 34 años que dejó la vida a manos de un forajido el sábado pasado. Su trabajo de "pizzero" en La Pasiva de 8 de Octubre y Garibaldi, no tenía por qué considerarse una labor de alto riesgo, sin embargo lo era, al igual que la de tantos otros que se ganan la vida trabajando honestamente. A diferencia de aquellos que forman parte de esa subcultura creciente en nuestra sociedad que proviene de la costumbre de vivir de las dádivas que reparte el gobierno o de los que han hecho del delito su modus vivendi. Estimulados en su accionar porque las dos Administraciones del Frente Amplio han demostrado tener una fatídica mezcla de blandura e incapacidad para contener al delito y perseguir a los malhechores. Basta recordar lo que han sido los mensajes del poder desde un principio, como cuando la exministra Arismendi hablaba de los menores infractores; "estos son mis chiquilines" (infanto juvenil ahora es políticamente incorrecto) hasta la medida de sacar presos para descongestionar las cárceles, mientras en todos estos años de crecimiento económico y recaudación histórica, (encima con déficit fiscal), no se ha construido ni una cárcel. Apenas han aumentado algunas plazas y los prisioneros siguen en su mayoría, en condiciones absolutamente reñidas con la idea de volver a reinsertarlos en la sociedad.

Ya no hay barrio donde alguien se pueda sentir tranquilo y todos saben que en cualquier momento pueden ser víctimas de un robo, una rapiña, un copamiento o un homicidio. Ya sea esperando el ómnibus en la parada, caminando por la calle, trabajando en un restaurante, en cualquier comercio, en un taxi, en su coche o en su propia casa.

La gente está cansada y atemorizada. Cada vez se suman más víctimas mortales, o lisiados como Gerard Delay, el propietario del restaurante Los Francesitos. O más familiares tienen que resignarse a la pérdida de un ser querido, como la mujer a quien le mataron a su hijo taxista de 29 años en un intento de rapiña, o los que vieron morir a su compañero de 30 años en el quinto asalto que sufrió el comercio. En abril hubo de promedio un homicidio por día; en el correr de mayo, 9 muertes y la suma en lo que va del año alcanza a 124 asesinatos. La lista es demasiado abundante como para que desde el Presidente para abajo, traten de echarle la culpa a quien sea, para esquivar su responsabilidad.

No es aceptable que el propio Mujica sea el portavoz de rumores que siembran dudas sobre la persona que acaba de morir, ni que nuevamente se desvalorice a los periodistas diciéndoles "ustedes que andan en los chismes..." Esa falta de respeto hacia la profesión y esa inclinación a culpar a la prensa son peligrosas y nocivas, lo mismo que la tendencia que se repite de instigar el resentimiento; " los de Carrasco y Pocitos que paguen más para ayudar a los rurales" o aquel "los pitucos que invaden el shopping el día de los descuentos".

La verdad es que el 911 no funciona a pesar del sofisticado equipo que se compró en China adonde viajaron la exministra Tournée y el actual viceministro Jorge Vázquez; los cambios y reacomodos en la Policía no muestran resultados; las pulseras electrónicas para proteger a las mujeres amenazadas no terminan de implementarse y ellas siguen muriendo; el registro de los menores delincuentes no acaba de estar operativo; del Centro de Rehabilitación de menores lo único efectivo hasta el momento ha sido una serie de nombramientos, mientras la realidad es que a las cifras que se conocen sobre la delincuencia habría que agregarle la cantidad de denuncias que no se hacen. Sintomático de la poca esperanza de que sirvan para algo. Solamente en el sector del comercio, según Cambadu, serían unas 15 por día.

Por ello no es de extrañar que la espontánea convocatoria haya tenido una masiva respuesta, ni tampoco que integrantes del oficialismo, (políticos y Pit-Cnt) hayan optado por no quedarse al margen, aunque como es lógico, no aplaudieran a los iracundos estribillos contra las autoridades que trataban de inepto al Ministro y de otras cosas al Presidente.

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