Entre gastar mucho y gastar bien

FANNY TRYLESINSKI

Un día sí y otro también escuchamos a los diferentes voceros del gobierno en un tono autocomplaciente con su gestión y la de sus colegas. El "caballito de batalla" preferido contra los que osan cuestionar sus políticas es, en resumidas cuentas, el gran esfuerzo que han hecho en estos 7 años para aumentar el gasto en "áreas sociales".

Sobre el esfuerzo realizado caben muchas dudas porque la expansión económica y el aumento de recaudación en la que el gobierno ha tenido poco que ver se ha encargado de poner los recursos a disposición. Pero en definitiva nadie puede dudar de la vocación y el empeño que han demostrado en gastar.

El argumento, sin embargo, es sorprendente ya que nadie ensalza sus virtudes argumentando que es un esforzado gastador. No pasa a nivel familiar, ni empresarial ni en otro tipo de organización privada. ¿Por qué habría de ser un mérito hacerlo desde el Estado, es decir con los dineros de los ciudadanos?

Ante una pregunta de este estilo el vocero "progresista" se despachará con frases como: "En el aumento del gasto se ha priorizado el gasto social". Suena convincente, ¿no es cierto? Claramente algo "social" tiene una carga positiva por lo que parecería que el gasto social es algo bueno y, por lo tanto, cuanto más se gasta mejor. Pero qué es lo que hay atrás del membrete de "gasto social"?

Dejemos de lado por ahora el componente más importante del gasto social que son las transferencias de la seguridad social (jubilaciones, pensiones, etc.) Aquí los incrementos de gasto están determinados por la normativa vigente y el gobierno no tiene mucha capacidad de cambiarlo. Ha existido un aumento a través de flexibilizaciones del régimen de jubilaciones y otras prestaciones pero el total no ha sido significativo.

Las áreas donde se produjo un incremento muy significativo del gasto son "Educación" y "Salud". En estas áreas precisamente existe una fundada percepción de que poco o nada ha llegado a los que deberían ser los destinatarios de ese incremento de gasto, es decir a los estudiantes y a los usuarios del sistema público de salud. Esto es lo que le importa a la sociedad en su conjunto, tanto a los que utilizan los servicios como a los que contribuyen a su financiamiento mediante el pago de impuestos.

En 2006 un documento elaborado por la Universidad de la Republica para el flamante Ministerio de Desarrollo Social expresaba: "El análisis del Gasto Público Social" abre también otro frente relevante para la toma de decisiones de política: la necesidad de elaborar nuevos indicadores que den cuenta real de la eficiencia de ese gasto."

Es evidente que si no hay indicadores mal podrá evaluarse ni hacer seguimientos sobre este tema.

En materia educativa, conocemos los resultados de las pruebas PISA donde nuestro desempeño no sólo no ha mejorado sino que ha empeorado. En el área de la salud pública la ausencia de indicadores es total pero la prensa nos ilustra de una desidia y deterioro alarmantes.

Nos gustaría que la información fluyera en forma más transparente con la secreta esperanza de que estemos equivocados y en realidad el incremento sideral de gasto no haya sido socialmente estéril. Porque de no ser así todo intento de mejorar realmente requerirá de políticas mucho más inteligentes y de otro ciclo espectacular de crecimiento económico que nadie puede asegurar.

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