Cuba y Chávez

CARLOS ALBERTO MONTANER

La parte más compleja de la herencia que dejará Hugo Chávez son las relaciones entre Venezuela y Cuba. Las que hoy existen están montadas desde una extraña subordinación emocional, política e ideológica del líder bolivariano a Fidel y no responden a los intereses o preferencias de los venezolanos.

Encuesta tras encuesta, más del 82% de los venezolanos (lo que quiere decir que muchos son chavistas) responden que no desean que en su país se instale un modelo político similar al cubano. Presumiblemente, un porcentaje parecido tampoco está de acuerdo en que se continúe subsidiando con miles de millones el terco e improductivo colectivismo implantado por los Castro.

¿Por qué Chávez convirtió a Venezuela en el financista a fondo perdido de Cuba? Las razones son varias, pero la más importante es que el teniente coronel encontró en Fidel Castro una suerte de guía espiritual y político. Fidel, además, lo dotó de una visión compatible con el marxismo y de una épica misión internacionalista que lo clavaría para siempre en la historia: derrotar a Estados Unidos y enterrar el capitalismo. Con la sabiduría de Fidel, enriquecida por tres décadas de aprendizaje de la santa madre soviética, más la impetuosa juventud de Chávez, unida a su caudaloso río de petrodólares, los dos triunfarían en la tarea de salvar al mundo, traidoramente abandonada por la URSS.

¿Cuánto valía para Chávez ese protectorado ideológico? Valía todo lo que Fidel necesitara y le pidiera. Chávez se entregó al Comandante de pies y manos. Llegó un punto en el que ambos líderes, sintonizados en el mismo delirio, planeaban federar ambos países, y hasta crearon una comisión mixta de juristas que comenzaron a estudiar cómo se llevaría a cabo ese proceso. En el trayecto, Chávez, de manera creciente, fue colocándose bajo la autoridad del habilísimo servicio de inteligencia cubano, cuerpo que le proporcionaba informaciones sobre todos los altos oficiales y sobre sus ministros.

Hoy nadie del entorno de Chávez se atreve a hablar sin temor a los micrófonos de La Habana. La oposición, es cierto, está vigilada por "los cubanos", pero el cerco y el humillante acoso a los chavistas es aún más intenso. Cuando Chávez desaparezca, para cualquiera que ocupe Miraflores, ¿qué sentido tiene prolongar esta relación enfermiza? El politólogo venezolano Aníbal Romero suele afirmar que los esfuerzos internacionalistas del castrismo siempre han terminado por fracasar. Las guerrillas castristas, a veces dirigidas por los propios cubanos, fueron derrotadas en toda América Latina en la década de los 60, 70 y 80. Apenas triunfaron en Nicaragua, pero sólo para perder el poder una década más tarde en comicios democráticos.

El peruano Velasco Alvarado, el panameño Noriega, el chileno Allende, gobernantes afines a La Habana, fueron desalojados del poder sin que Cuba pudiera evitarlo. Angola y Etiopía hoy tienen regímenes totalmente alejados del modelo comunista. ¿Quién ha dicho que la influencia castrista puede conservarse en Venezuela tras la muerte de Chávez? ¿Por qué? ¿Para qué? Cuba se especializa en perder. Esa ha sido su historia.

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