¿Por qué no se puede hacer?

GUSTAVO PENADÉS

Hace unos días la Intendencia de Montevideo puso en exposición una selección de fotografías sobre las obras de la Rambla Sur.

La muestra Construcción de la rambla sur y su incidencia en la ciudad nos ofrece imágenes verdaderamente impactantes. Nos permiten percibir, con un alto grado de detalle, la importancia de una de las obras emblemáticas de la Ciudad. Los volúmenes de materiales removidos, las hectáreas de tierra ganadas al mar, la calidad de los diseños y de los materiales utilizados son impresionantes, sensación que se acrecienta cuando se examinan los recursos tecnológicos empleados. Sin embargo, el mayor asombro lo causa el advertir la corta duración que insumieron las obras. En efecto, desde el inicio de las mismas en 1928 hasta su inauguración oficial en 1935 transcurren apenas siete años, lo que para los tiempos a que nos tienen acostumbrados las obras de la IMM es todo un récord.

Pensando en el presente, es difícil imaginar a Montevideo encarando algo de similar trascendencia. El FA en sus más de 22 años de administración no ha sabido, o querido, impulsar emprendimientos transformadores ni en los servicios ni en la infraestructura montevideana. Casi con seguridad, la continuación del saneamiento y el intercambiador de Barradas sean las últimas obras importantes impulsadas desde la Intendencia; ya que si bien otras, como la prolongación de la rambla sur y la ruta perimetral benefician al Departamento, las mismas son el resultado de iniciativas y recursos ajenos a su gobierno.

Teniendo a la vista los antecedentes, la perspectiva pa-ra los próximos años es la de que todo siga más o menos como está. No se vislumbran los cambios y las innovaciones en la infraestructura y los servicios que la bonanza económica de estos años permitiría proyectar y financiar.

Por su parte, cada uno de los partidos políticos no frentistas intenta convencer de que su candidato y su programa es el mejor, pero todos sabemos que ese candidato y ese programa -excelentes por cierto- enfrentan divididos a una mayoría frentista que termina por imponerse.

De continuar así las cosas, esta historia sabida seguirá repitiéndose. Ante esto, los partidos políticos de oposición tenemos el deber de hacer algo y de torcer el curso de los acontecimientos. Toda otra actitud conllevaría la resignación y la pérdida de la esperanza de operar sobre la realidad para mejorarla.

En 2012, el FA no es más la novedad en el país, y menos aun en Montevideo; sus 22 años de trayectoria han demostrado hasta dónde llega y de lo qué es capaz. ¿Por qué no probar entonces desde la oposición un camino nuevo, una candidatura prestigiosa, sustentada en los montevideanos de todos los partidos -incluido el Frente Amplio- que le ofrezca a Montevideo un nuevo ingeniero Fabini?

Es en esa dirección entonces que impulsamos la conformación de un frente democrático que conjugue los anhelos y esfuerzos de todos los montevideanos sin distinción. Sabemos muy bien de las dificultades prácticas que conlleva el planteo, como así también de que es un cambio muy fuerte. Más, no se trata de que los partidos políticos pierdan su identidad ni de que los ciudadanos abjuren de sus principios y simpatías. De lo que se trata es de algo mucho más sencillo como lo es unir esfuerzos en busca de una solución superadora del actual estado de cosas.

Los montevideanos y Montevideo lo necesitan imperiosamente. No existe otra alternativa.

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