Política exterior, bis

LUIS ALBERTO LACALLE

Retomamos el tema abordado hace un par de meses porque el mismo cobra cada vez mas gravedad y urgencia. No es común que las relaciones con los demás países sean tema principal de nuestras discusiones internas, tanto en el ámbito político como en el de los demás círculos de la opinión, incluyendo los sindicales y empresariales. Era bueno que así ocurriera en otros tiempos pues cuando el relacionamiento con el mundo -tanto político como comercial- funciona de manera aceptable, no provoca interés, tal cual el organismo humano, en la medida en que goza de salud no alerta con dolores.

Nuestro país siempre, gobierno tras gobierno, elaboró una estrategia externa a partir de nuestra situación geopolítica, de la peripecia de nuestra independencia arrancada a los vecinos, de nuestra posición privilegiada en la boca de los grandes ríos y de nuestra vocación por la paz, vigencia del derecho internacional y libertad de comercio. Consenso o apoyo explícito siempre lo hubo, según fuera más o menos necesario manifestarlo de acuerdo a la magnitud del problema o la coyuntura. Cuando se complicó el mundo comercial internacional, comenzó a pesar más en las preocupaciones de la Cancillería el relacionamiento exportador e importador, los beneficios y perjuicios que alternativamente nos traían, ora el cierre ora la apertura, de los mercados. Hoy este es el gran tema, por supuesto que sin dejar de lado el posicionamiento político. Lo que incide en el día a día es la posibilidad de una más fluida salida de nuestros bienes y servicios hacia todo el mundo. Lamentablemente tuvo que llegar el asunto a la gravedad que hoy exhibe para que la alarma dejara los círculos diplomáticos para gravitar en cese de trabajadores concretos y cierre de empresas específicas. Quienes poca o ninguna atención prestaban a los vaivenes del relacionamiento exterior, hoy lo valoran, con preocupación.

Se constata una gran diferencia entre el gobierno y la oposición en materia de enfoque y énfasis en los ejes de la política exterior. Claramente se ve, por primera vez, una separación entre una y otra visión que va mucho mas allá de los matices que siempre existieron, por lo menos en los últimos treinta años. El gobierno se aferra a una orientación ideologizada que busca coincidencias con regímenes más que con países y que privilegia la coherencia con ciertos gobiernos, por encima de la defensa del interés nacional puro y duro. Lo decimos con franqueza porque así lo hemos expresado en los ámbitos privados y en los públicos, en conferencias y en el Senado. Lamentamos el alejamiento citado pero si se ha producido es porque el Palacio Santos se ha desviado de la línea de la estricta conveniencia nacional. No va en este crudo juicio consideración de carácter personal alguna para con el Canciller que ha sido un interlocutor amable y abierto a la escucha. No tanto a tener en cuenta las opiniones que como buenos orientales que somos, le hemos sugerido apoyándonos en la mejor tradición nacional y partidaria que creemos interpretar.

No se comprende la actitud del gobierno ante lo socios del Mercosur ni se ve un rumbo adecuado para sacarnos de la tenaza agresiva que los vecinos nos aplican. Recogemos el sentir de gente de negocios y de trabajadores verdaderamente preocupados. No comprendemos las actitudes ni nos satisfacen las explicaciones. Nunca se informó por qué no se aprovecharon los meses anteriores al inicio del gobierno para viajar, aparte de las visitas al vecindario, a los grandes centros de poder, China, EE.UU., Bruselas, Madrid, Moscú, Canadá, abriendo el abanico de nuestras posibilidades, contrapesando la dependencia con el Mercosur, que hoy, a las apuradas se quiere improvisar. Nadie da una explicación válida acerca de porqué no se convoca a una cumbre de presidentes de Argentina, Brasil y Paraguay para, de una vez por todas, mirarnos a la cara y terminar con estas barreras absurdas e ilegales que nos imponemos en violación de la letra y el espíritu de la integración, tantas veces jurada y alabada, o la damos amigablemente, por terminada o transformada en otra forma de asociación. ¿Hay motivos que no conocemos para aguantar lo que aguantamos de las agresiones argentinas a nuestros intereses? Que se aclaren y mencionen. Tenemos la razón y el derecho de nuestro lado. Es más, se menciona el concurrir ante el Tribunal del Mercosur, pero nada se dice de agotar antes la vía política, tal como corresponde. Hasta se menciona recurrir a la Unasur pero no a enfrentar al Palacio San Martín.

Preocupa la sensación de lentitud e ineficacia que muestra el gobierno, más confiado en la benevolencia de los vecinos que en el ejercicio de una política audaz, valiente y que seguramente convocaría a todos los partidos y sectores. El camino de Venezuela, Cuba, Ecuador, Irán es vía muerta. En el mundo real hay que "salir jugando" desde campo propio. Un Tratado de Libre Comercio con Canadá, estrechar relaciones con China, golpear nuevamente las puertas de EE.UU. y Europa. Por ahí va la cosa. De lo contrario la situación se agravará, como se está agravando…

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