De Haití a casa, con un infierno que no se olvida

Cascos azules. Uruguayos relataron su experiencia de vivir en un país devastado

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EDUARDO BARRENECHE

El último contingente de uruguayos procedente de Haití arribó ayer a Uruguay, en las vísperas navideñas. Volvieron con su habitual carga de recuerdos dramáticos, la expectativa de saldar sus deudas familiares, y sus alforjas llenas de historias.

La patrulla uruguaya circula por una carretera a oscuras a unos 40 kilómetros de su base en la ciudad haitiana de Les Cayes. De repente, constatan que la ruta está cortada y hay fuego. Unos 40 haitianos con machetes y antorchas rodean a un cuerpo caído. Al cadáver le faltan los pies y manos, y tiene la cabeza destrozada a pedradas.

La patrulla se detiene. Los soldados uruguayos engatillan sus armas. El sargento Mario T., segundo al mando, salta de un camión, y mediante una seña avisa al soldado que maneja las ametralladoras pesadas que se mantenga atento.

Con un traductor de "creole", el sargento se acerca al grupo y pregunta quién mató al haitiano. "Todos nosotros", responden los lugareños sacudiendo los machetes.

Tres cascos azules saltan del camión y toman posiciones. Otros mantienen sus fusiles FAL engatillados.

"¿Por qué lo hicieron?", pregunta el sargento, traductor mediante. Un haitiano responde: "Era un ladrón. Y no lo denunciamos porque acá la Policía es corrupta".

Un soldado avisa al sargento que a la víctima le falta un pie. Otro haitiano responde: "Se lo llevó un perro".

La tensión baja. Los soldados uruguayos sacan sus celulares comprados en free shops de los aeropuertos y comienzan a sacar fotos. Avisan por radio a la policía francesa de lo sucedido y la patrulla sigue.

El sargento Mario T., quien participó en la misión de paz en Haití en 2005, es casi un experto en misiones de la ONU: también estuvo en Congo y Mozambique. Actualmente revista en un batallón de infantería ubicado en el sur de Uruguay.

El pasado miércoles 14 llegó a Montevideo el primer vuelo de soldados uruguayos que estuvieron en Haití en el correr de 2011. El último contingente arribó ayer. El Parlamento ya aprobó un nuevo envío de tropas a la isla.

Para conocer lo que ocurre en ese país caribeño, El País entrevistó a cinco militares uruguayos -un mayor, un teniente, un sargento y dos soldados rasos- que participaron en misiones de paz en Haití entre el 2004 y 2010. Los entrevistados solicitaron que sus nombres se mantuvieran en el anonimato.

La Minustah, desplegada desde junio de 2004, es una fuerza de unos 12.200 efectivos. Brasil ejerce el comando militar de la misión integrada por 18 países, en su mayoría latinoamericanos: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, Paraguay, Perú y Uruguay.

El gobierno uruguayo ha desplegado 1.200 militares.

MIEDO. Les Cayes es una ciudad de unos 45.000 habitantes ubicada al sur de Haití. Siempre se destacó por ser una zona pacífica en comparación con Puerto Príncipe aunque se sabe que es lugar de paso de drogas que van hacia Estados Unidos, en particular de marihuana.

A fines de marzo de 2008, efectivos de Inteligencia del Ejército (S2) detectaron que habría un ataque a la base de la Minustah en Les Cayes, en reclamo de más ayuda alimenticia, sanitaria y de transporte.

El 3 de abril de ese año, grupos organizados de haitianos bloquearon las principales avenidas de ingreso a la ciudad. Luego atacaron y saquearon las oficinas de las Naciones Unidas en la ciudad.

El entonces teniente Julio U. integraba un batallón de cascos azules que debió brindar seguridad a los funcionarios de las Naciones Unidas. La tensión era elevada. Los militares uruguayos debieron pedir refuerzos a otras bases.

Los operativos de evacuación de los funcionarios duraron un mes. En ese contexto, ocurrió el ataque contra el cuartel de la ONU en Les Cayes. Se trató de un ataque por sorpresa y en tres lugares en forma simultánea, relata el teniente Julio U.

Los haitianos apedrearon a los cascos azules con hondas hechas con trapos de seda que pueden arrojar piedras de hasta un kilo. Los cascos azules trataron de disuadir a los agresores con disparos de armas de fuego cerca de sus pies. También usaron gases lacrimógenos y balas de goma. En el enfrentamiento fallecieron cinco haitianos. No se determinó el número de heridos. Los cascos azules no sufrieron bajas.

EFICIENCIA. Brasil es el país que tiene mayor cantidad de efectivos en Haití. Y la misión de paz está bajo el mando de generales brasileños.

Según el teniente Julio U., el ejército brasileño utiliza en las favelas de Puerto Príncipe las mismas tácticas que usa en Río de Janeiro. "Cuando salen en operaciones, lo hacen con una gran eficiencia. Además, cuentan con el respaldo político de su gobierno", explicó el militar uruguayo.

Varias ONG haitianas denuncian que los brasileños no dudan en tirar a matar ante un eventual peligro y destacaron que, en cambio, los cascos azules uruguayos tienen buena relación con la comunidad.

El soldado R. dijo que "los militares uruguayos no disparan así nomás contra una población civil. Los brasileños tienen otro tipo de entrenamiento. Para los uruguayos, la visión es que integran una fuerza de paz. Lo principal es conciliar y evitar un enfrentamiento con un local".

Según los militares consultados, a los soldados uruguayos les sirve desde el punto de vista económico participar en misiones de paz.

El sargento Mario T. dice que la mayoría de los efectivos uruguayos van a las misiones porque están muy endeudados, y los menos las utilizan para "hacer una diferencia económica" que les permite construir una casa cómoda o comprarse un auto.

En Uruguay, un soldado gana un salario de $ 8.000 nominales, mientras que en una misión de paz percibe por mes US$ 1.000. No cobra ese dinero en el momento sino varios meses después que regresa al país.

El sargento Mario T. dice que durante los 10 meses que dura la misión, la familia del soldado debe vivir con esos $ 8.000 mensuales o menos si su salario tiene descuentos por préstamos. "Generalmente ese dinero no le da a la familia. Entonces la mujer saca préstamos. El soldado se va de misión con el objetivo de ganar $ 200.000 y cuando llega tiene deudas por $ 150.000", afirma el sargento. En muchos casos, añade, la familia sobrevive con la ayuda social que le brinda el Ejército mientras dura la misión del jefe de familia.

El viernes 16, el sargento Mario T. se encontraba en su batallón situado a poca distancia de Montevideo. La esposa de uno de sus subalternos, que actualmente se encuentra en una misión de paz en el Congo, le mandó un mensaje desesperado: "Necesito plata. No tengo ni para cocinarle a mis hijos. Por favor, necesito que me conteste. Señora de B.".

El comandante de la unidad fue informado y ordenó que se confeccionara una canasta básica con los víveres del personal. Además, le entregó una ayuda económica a descontar de los ingresos del militar a su regreso.

La cifra

18 son los países, en su mayoría de América Latina, que integran la misión de paz de ONU en Haití, con unos 12.200 efectivos.

"Creen que el mundo está en deuda con ellos"

En 2008, el teniente Julio U. era el nexo entre el comandante de los cascos azules en Les Cayes y las organizaciones no gubernamentales. "Fue muy difícil trabajar con los haitianos. La gente haitiana es muy orgullosa. Está acostumbrada a recibir cosas. Ellos consideran que el resto del mundo está en deuda con Haití y que están obligados a otorgarles ayuda", dice.

Al teniente no le quedó un buen recuerdo de su pasaje por la isla.

"Hay muchos orfanatos en Haití para niños abandonados. Nosotros los apoyábamos con agua y comida. El panorama era espeluznante. Llegábamos a los orfanatos y siempre diferían las cantidades de niños allí alojados" con las estadísticas de la ONU, señala. Agrega que "muchas ONG trabajaban para los niños, pero otras tenían fines de lucro".

Por su parte, el sargento Mario T. afirma que los haitianos son muy creyentes. "De mañana acuden a la iglesia católica o la metodista, y de noche practican el vudú", explica.

Relata que, cuando muere una persona, lo entierran en el patio de la casa. "Una versión dice que hacen eso para proteger del diablo el alma del muerto. Otra versión dice que es para que ellos trabajen con el espíritu del muerto".

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