HENRY SEGURA
La aldea global pudo explotar en el aeropuerto de Los Angeles el domingo pasado y con gran puesta en escena porque dos figuras de primera fila estuvieron implicadas en el asunto. Paradojalmente, casi nadie se enteró en tiempo y forma. El prólogo parece inocente: "Oh, eres tú (...) No quiero hablar contigo, tú hablas mal de mí". Primer paso para el drama: "No, yo sólo digo la verdad. Que eres amigo de Chávez y que dices que es un buen hombre y eso es mentira, ¿cómo puedes hacer eso?" El segundo paso fue señalar que un familiar de la acusadora estuvo en el golpe de Estado que quiso sacar a Chávez en 2002. "Eso es falso", fue la réplica. El contraataque sobrevino: "Eres una cerda". La respuesta no se hizo esperar: "¡Y tú eres un comunista! Eres un imbécil comunista".
Las altruistas líneas de semejante pieza de la política contemporánea fueron pronunciadas por Sean Penn y María Conchita Alonso. Saltaron a la luz porque la artista venezolana (aunque nacida en Cuba) contó lo sucedido en una radio, recordando además que hace más de un año le había enviado una carta a Penn como consecuencia de las visitas que el actor hiciera al presidente venezolano. En una de ellas definió a éste como "una persona fascinante".
Como pieza sensibilizadora o creativa, lo ocurrido otorga a cualquier otra discusión política un rango de superioridad absoluta. Sobre todo por el nivel que previamente se les reconoce a los contrincantes. Es verdad, Penn no tiene cara de tipo buen humorado y Alonso no esconde sus obsesivas convicciones. Y de esa manera hasta terminan siendo más entretenidas las secuencias conventilleras a las que apela ShowMatch para despegar en el rating y facturar a lo grande. Por lo menos, en el programa de Tinelli las disputas suelen ser más carnales, al estar vinculadas al quién anda con quién o al quién lleva más público al teatro durante la temporada veraniega o a los personajes bizarros que de vez en cuando se cuelan. Pero discutir por Chávez hasta parece una telenovela del peor gusto.