THE NEW YORK TIMES | NANCY MILLS
Si James Bond tuviera ochenta y cuatro años, bien podría estar viviendo como Roger Moore. Oscila entre Francia, Mónaco y Suiza visitando a los amigos. Viaja a países del tercer mundo en misiones especiales. Suele estar rodeado de bellas damas a las que encanta con su liviano humor.
Para mantener la adrenalina en funcionamiento, trabaja de vez en cuando, pero no necesita el dinero. Bienvenidos al mundo de Moore.
Recientemente volvió a su casa de invierno en Crans-Montana, en Suiza, tras haber estado lejos seis meses. Su regreso ha sido a la vez regocijante y fastidioso.
"Mi nieto Maximilian nació esta mañana a las 5.30", dice por teléfono con su meloso acento británico. "Pero mi Internet no funciona. Estoy a punto de matar a los técnicos de DSL". No literalmente, por supuesto. Bond, a quien Moore interpretó en siete películas entre 1973 y 1985, tenía licencia para matar. Él no.
Moore usa un marcapasos, y en 1993 debió someterse a cirugía por un cáncer de próstata, pero declara que su salud es "excelente". No tiene nada que limite sus viajes como embajador de buena voluntad de Unicef, o le impida aceptar un trabajo como actor si le interesa un libreto.
"Los actores solo se retiran cuando el teléfono deja de sonar", dice Moore. "Me gusta trabajar, y me gusta estar con un equipo de filmación. Pero no me molesto en buscar trabajo. Mi agente lo hace, y me dice si hay algo que valga la pena leer".
En A Princess for Christmas, que Hallmark Channel emitió en los Estados Unidos, Moore encontró un papel que le gustó. Interpreta a un duque veterano y gruñón que vive en un castillo en algún lugar de Europa (la película fue filmada en Bucarest) que intenta establecer una relación con los hijos (una niña y un varón) de su fallecido hijo mayor.
"Había trabajado antes con el productor en Boat Trip (2002)", agrega Moore. "La pasamos bien, así que le dije: `Si no tengo que trabajar demasiado duro, saltar o correr, ¿por qué no?`. Es una historia dulce, y nunca había estado en Bucarest".
Puede no ser muy conocido por este tipo de películas, pero Moore insiste en que le gusta.
"Es la típica película familiar", dice. "No hay explosiones. Nadie me dispara, y no tengo que dispararle a nadie. Uno se siente feliz cuando termina de verla".
Desde que con En la mira de los asesinos (1985) terminó su relación con James Bond, Moore ha sido visto en la pantalla solo de vez en cuando. Actuó junto a Michael Caine en Bullseye!` (1990) y junto a Jean-Claude Van Damme en The Quest (1996), o fue estrella invitada en Alias (2002). Muchos de sus trabajos han sido solamente de voz, incluyendo The Fly Who Loved Me (2004) and Cats & Dogs: The Revenge of Kitty Galore (2010).
"El trabajo de voz es fácil", dice. "No tengo que maquillarme, cortarme el cabello o usar un traje especial. También hago presentaciones en conciertos de música de cámara. Hice The Wonderful World of Captain Beaky and His Band, sobre animales, en el Royal Albert Hall en Londres. Puedo andar con la cabeza erguida".
Se ríe. Claramente, Moore disfruta sus chistes.
"Sin humor a uno le cuesta mucho ir por la vida", dice el veterano actor. "Con mi esposa (la dama sueca de sociedad Kristina Tholstrup) acabamos de volver a ver Cantando en la lluvia (1952), y me encanta el número de Donald O`Connor, Make ` Em Laugh``.
En las películas de Bond siempre ha habido chistes, pero cuando Moore entró en la serie, desde Viva y deje morir (1973), El hombre del revólver de oro (1974) y La espía que me amó (1977) hasta Moonraker (1979), Solo para sus ojos (1981), Octopussy (1983) y En la mira de los asesinos hubo más. Puede ser un reflejo de su personalidad. Es un hombre que, si puede divertirse con algo, lo hace.
"Me resulta más fácil que responder una pregunta directa", reconoce.
Recordando sus años como el icónico espía británico, Moore tiene poco de qué arrepentirse.
"Creo que dejé de interpretarlo en el momento justo", dice, "aunque los críticos digan que fue diez años demasiado tarde. Estaba empezando a sentirme como Gary Cooper en Amor en la tarde (1957). Cuando tu pareja en una película tiene la edad de tu hija, y debes bajar levemente la cabeza para mirarla (por suerte es más baja que tú), y empiezas a tener papada, no es bueno. Comienzas a crujir".
"Tenía 58 años cuando lo hice", recuerda Moore. "Jugaba al tenis dos horas por día, y hacía 45 minutos de caminata y natación". Lo seguí haciendo dos semanas más".
Bromea también acerca de que, pese a todas las escenas de acción que rodó para las películas de Bond, las mayores heridas se las provocaron las escenas de besos.
"Se producía una especie de desintegración de los labios", dice.
A diferencia de Sean Connery, que lo antecedió en el papel pero lo abandonó porque no quería encasillarse como Bond, Moore aprovechó la oportunidad de ser 007.
"Me encantan las películas de Bond de Sean", dice Moore. "Pero creo que no era feliz siendo Bond. Quería demostrar que podía hacer otras cosas".
Moore, por otra parte, era un veterano de la televisión, a través de series como El Santo (1962-1969) y Dos tipos audaces (1971-1972). "Yo no tenía que probar nada", dice. "Ya se sabía que no era muy bueno, de modo que me sentí feliz".
Moore aprovechó su fama como Bond para apoyar una formidable cantidad de obras benéficas, cosa que sigue haciendo.
Entre la Unicef y los recuerdos de Bond
Ha sido su trabajo para Unicef, no su encarnación de James Bond, lo que le ganó a Moore su designación como caballero hace ocho años. No insiste en que se lo llame Sir Roger, pero claramente aprecia el honor.
"Lo tomo en serio porque me lo dieron por un trabajo serio", dice. "Y también es magnífico que tu familia vea a la reina presidiendo la ceremonia".
Su legado será haber sido Bond, sin embargo, un dato que Moore acepta e incluso aprecia. Al fin y al cabo, él también es un aficionado a las películas de Bond.
"Al público le gusta Bond porque sabe, hasta cierto punto, lo que va a pasar", dice. "Es como contarle un cuento de hadas a un niño. Es un viejo amigo, y nunca decepciona".
"He visto todas las películas", continúa Moore, "y me gustan especialmente las de Sean. También me gustó Casino Royale (2006). Daniel Craig es un magnífico atleta y también un condenado buen actor".
Hace una pausa antes de decir algo negativo.
"Creo que Quantum of Solace (2008) se salió un poco del carril, y fue demasiado violenta", se expide finalmente. "No terminé de entenderla".
La serie canónica de Bond ha incluido a Connery, Moore y Craig, y también a George Lazenby, Timothy Dalton y Pierce Brosnan. "Todos han sido excelentes", asegura Moore.