Respetar la voluntad de Paraguay

Sería un grave error que la cumbre de presidentes del Mercosur, que hoy se reúne en Montevideo, violentara el estatuto jurídico del bloque regional para habilitar el ingreso de Venezuela trabado por la negativa del Parlamento paraguayo a votarlo. El adalid de tan mala iniciativa es José Mujica, quien viene negociando con sus pares una fórmula para prescindir de la voluntad de los legisladores guaraníes y satisfacer así los deseos del gobierno de Hugo Chávez.

Días atrás, al volver de la reunión constitutiva del Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) celebrada en Caracas, Mujica anunció que aun sin la aprobación parlamentaria de Paraguay los presidentes del Mercosur, mediante algún tipo de artilugio jurídico, podían darle luz verde a Venezuela. Esta propuesta encendió las iras de los legisladores paraguayos que la definieron como "una cuestión inviable". Más lejos fue el presidente del Senado paraguayo, Jorge Oviedo Mato, quien sostuvo que si prosperara ese plan su país debería retirarse de un Mercosur que, en su opinión, "al final de cuentas no nos sirve de nada, es de mentira".

Quizás influido por estas reacciones procedentes de Asunción, el presidente uruguayo atemperó su contundencia inicial y aceptó que su planteo puede ser "discutible". Por supuesto que lo es, dado que el acceso de un nuevo socio pleno al grupo requiere no solo la voluntad del gobierno, sino también del Parlamento de cada uno de los países firmantes del Tratado de Asunción. Esa ratificación la dieron hasta hoy los Parlamentos de Argentina, Brasil y Uruguay, cuyos gobiernos presionan ahora a Paraguay para que adopte idéntica postura.

El rechazo de los legisladores paraguayos se funda, entre otras razones, en la necesidad de mantener vigente la "cláusula democrática" del Mercosur que veda el ingreso o la permanencia en el bloque a un país cuyo gobierno no exhiba una conducta democrática. Aseguran que ese es el caso de Venezuela en donde Chávez se perpetúa en el poder con recursos ilegítimos, hostiga a sus opositores, restringe la libertad de expresión e instaura un régimen autoritario.

Para entender la actitud del Parlamento de Paraguay es preciso además evocar como antecedente el intento de golpe de Estado encabezado en ese país por el general Lino Oviedo en 1996.

Entonces, los presidentes del Mercosur amenazaron al golpista con aplicarle la "cláusula democrática" en caso de que se saliera con la suya, lo que suponía expulsar a Paraguay del bloque regional. La presión ejercida en aquella coyuntura por los gobiernos de Argentina, Brasil y Uruguay resultó decisiva para conjurar el peligro de golpe.

Quizás este precedente ayude a explicar la sensibilidad en la materia que ostentan con orgullo los legisladores guaraníes.

Una sensibilidad que no demostraron sus colegas de Argentina, Brasil y Uruguay a pesar de que en los tres casos, en momentos de otorgarse la ratificación parlamentaria, se alzaron voces de advertencia sobre la contextura autoritaria del gobierno de Chávez. En nuestro país, a instancias del entonces canciller Reinaldo Gargano, el Poder Legislativo le abrió el camino a Venezuela aplicando las mayorías legislativas automáticas del Frente Amplio y sofocando las denuncias de la oposición contra el locuaz líder bolivariano.

Por todo eso, en la cumbre de hoy sería aconsejable que Mujica desistiera de su iniciativa provenezolana que tantas críticas suscita en el exterior en donde se le recuerda, por citar un ejemplo, que en la reunión constitutiva del Celac en Caracas vistió una campera del ejército venezolano, lo que se interpretó como una muestra de su cerrada adhesión a las pretensiones de Chávez. Otros comentarios apuntan a dudar del apego de Mujica al principio de la legalidad y recuerdan que en su etapa guerrillera, en los años sesenta, se levantó en armas contra la democracia uruguaya.

Ante este panorama sería inaceptable que se desechara la voluntad de los representantes del pueblo de Paraguay, una nación que en el pasado supo soportar con bravura el embate conjunto de Argentina, Brasil y Uruguay en la tristemente célebre guerra de la Triple Alianza. Sería deplorable que -aun cuando ahora se trata de medios diplomáticos y no militares- estos tres países se abatieran otra vez sobre Paraguay.

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