Una pésima y gravísima decisión

GUSTAVO PENADÉS

No es novedad que el Partido Nacional viene formulando cuestionamientos a la política exterior de los gobiernos del Frente Amplio. Hemos insistido en señalar la gravísima equivocación del Frente Amplio de basar su política internacional en las afinidades ideológicas con los gobiernos de otros estados.

Es que pese a los años que llevan ya en el gobierno no se termina de advertir que los intereses de los estados son los que motivan y guían su política internacional; intereses que existen y se verifican más allá de las épocas y de los gobiernos que circunstancialmente ocupen el poder.

En estos momentos asistimos a una nueva manifestación de la "lucha de puertos", expresión que resume la pretensión de Buenos Aires de relegar al de Montevideo y, en general, a nuestro país. La postura de los gobiernos uruguayos, podemos afirmar que, casi sin vacilaciones, ha sido la de oponerse a las pretensiones del vecino utilizando todos los medios a su alcance. Fueron muchos los momentos álgidos, incluso en algunos de los cuales le cupo a la Armada Nacional cumplir un papel de alta relevancia.

Hoy la situación es bien diferente.

Nos encontramos con que el gobierno argentino pretende que no ingresen a puertos uruguayos buques con la bandera de conveniencia de Malvinas. La decisión del Presidente de la República no fue de oposición a la improcedente y disparatada pretensión, sino que, por el contrario, accedió a la misma.

Gran Bretaña no es un estado beligerante, ni los barcos que recalan en Montevideo procedentes o en viaje a las Malvinas cargan en sus bodegas sustancias peligrosas, o son portadores de la peste. Tampoco Argentina se encuentra -como lo estuvo- en guerra con Gran Bretaña como para solicitar la implementación de una medida de esta naturaleza. Hay sí un reclamo territorial -que nuestro país siempre ha respaldado- sobre sus derechos en un conjunto de islas que se encuentran en el Atlántico Sur, próximas (unos 480 kilómetros) a la costa argentina.

Montevideo es un puerto en el que se descarga la pesca, los buques relevan tripulaciones, se abastecen y reparan. Son miles los uruguayos y cientos las empresas vinculadas a la provisión de servicios, y son cientos de millones de dólares los que por tal concepto ingresan al país. ¿Se da cuenta el Presidente que está comprometiendo la vida de miles de uruguayos? ¿Se da cuenta que quienes están felices por su decisión son los brasileños que se quedarán con el negocio? ¿A cambio de qué?

Sin embargo, las catastróficas consecuencias económicas y sociales de la equivocada decisión del gobierno pasan a un plano secundario ante lo que es el aspecto central y principal de esta cuestión: el abandono y negación de nuestros derechos como Estado libre y soberano.

Con Gran Bretaña mantenemos excelentes relaciones, como las mantenemos con todos los estados. Con las tierras del sur tenemos relación desde la época de la Colonia. Desde Montevideo zarpó el "Instituto de Pesca N° 1" para rescatar a los tripulantes de la expedición de Shackleton. Justamente el nombre de su comandante, Ruperto Elichiribehetye, es el que lleva la base que Gran Bretaña donó a Uruguay en la Antártida.

Pésima decisión -con presión o sin presión argentina- que genera un pésimo y gravísimo antecedente. Exigimos y aguardamos una urgente rectificación.

Es el abandono y la negación de nuestros derechos como Estado libre y soberano

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