Chaqueta militar y la plaza desplazada

CARLOS MAGGI

América Latina es un complejo internacional lleno de acuerdos, abusos y malos tratos. Recuerda la pugna feroz que más de una vez presenta Eugene O`Oneill en sus cuadros familiares llenos de odio, codicia y amor.

Hablo de este complejo heredado de España (llena de separatistas que forman una nación sólida) después de haber visto al Presidente Mujica, en Venezuela, vestido con una chaqueta militar venezolana. ¡Qué ocurrencia tan notable!

En Bizancio se inventaron los íconos y Mujica, como todo predicador, habla por medio de imágenes sutiles, bizantinas.

Nadie deja de percibir su forma parabólica de ejercer la Presidencia; día a día se expresa por figuraciones. Dice lo suyo y luego se despreocupa por el resultado de su prédica. Y esto de la chaqueta castrense, es un caso más, de esas homilías reveladoras. Se dijo: El jefe supremo de nuestras fuerzas armadas se fotografió con el uniforme de un ejército extranjero. ¡Un agravio a nuestras fuerzas armadas! Y no. La parábola de nuestro primer mandatario, responde a su estilo dual.

Cuántos uruguayos se despiertan soñando una pesadilla recesiva: ¿Mujica puede convertirse en Chávez? ¿Cuántos uruguayos se sobresaltan pensando lo contrario, que el Presidente es un paisano bueno, incapaz de tomar las medidas radicales que un régimen de derecho debe imponer, si es necesario?

Seguramente esto de vestir la chaqueta, no fue un truco calculado de antemano. Fue una ocurrencia impensada. Los símbolos buscan a Mujica de manera fulminante; y como él mismo explicó, lo llevan a decir o a hacer una cosa …; y su contraria. Lenin mostró la misma filosofía:

- "Las montañas no se suben en línea recta".

La razón de ser de esta filosofía no proviene de la voluntad; es una consecuencia de lo contradictoria que puede ser la política; impone la necesidad de zigzaguear.

¿Qué otra cosa puede hacer el líder de una coalición que pretende mantenerse unida, cuando lleva en su seno (y lo sabe) los modos más opuestos de entender la convivencia?

Entre un partidario de Chávez, al cual la libertad no le importa; y el general Líber Seregni, hubo siempre, una distancia insalvable.

Mujica vestido de Chávez, es un relámpago del miedo que padecen los uruguayos amantes de la libertad; un ícono pop, que mucho le hubiera gustado inventar a Andy Warhol que hizo con antelación el retrato de Mao entre telas de colores carnosos.

La realidad está transida de casualidades significativas.

El presidente Chávez le regaló a la presidenta Cristina Fernández, un cuadro al óleo: usando un estilo académico del siglo diecinueve Chávez pintó su autorretrato interferido en el primer plano, por el perfil acerado del presidente Kirchner.

Basta comparar la pintura de caballete del venezolano con la performance de Mujica, para cobrar conciencia del abismo cultural que los separa.

Mujica está entre el arte conceptual que floreció en los años setenta y ochenta del pasado siglo y la "performance" más contemporánea. Los políticos, normalmente carecen de humor; son serios. Los artistas en cambio, suelen estar dotados de gracia; las formas alternativas, rompen con las convenciones y florece una sonrisa.

En esta línea plástica actual, cuando Mujica, concentra en un solo gesto, las relaciones icónicas del Uruguay y Venezuela, se hace oportuno difundir el contenido de una conversación discreta sostenida en el restaurante Betsy, sobre la rambla de South Beach.

A principios de diciembre durante la feria de "Art Basel Miami" cenaron en torno a la misma mesa, Carlos Cruz Diez, el galerista de Madrid Adolfo Cayón y mi informante más autorizado.

Cruz Diez es un artista venezolano, tal vez el más grande de los plásticos latinoamericanos en actividad.

Tiene 88 años y practica con alegría, su vitalidad intacta. Está exponiendo simultáneamente, en el Pompidou de París y en Malba de Buenos Aires.

Carlos Cruz Diez es una figura clave en la historia imaginaria del siglo XX; es uno de los creadores del arte óptico; enalteció la función del color.

Y fue en el devenir errático de esa cena de amigos, que se habló de un proyecto del gran artista referido al Uruguay.

A Cruz Diez le fue encargado diseñar la "Plaza Venezuela" en Montevideo. Trazó el primer boceto, pero resultó que estaba enclavado demasiado cerca de la Plaza México.

Hubo pues un segundo proyecto en otro sitio mejor elegido y Cruz Diez trabajó en él hasta tenerlo definido.

Pero después, como ocurre tantas veces, las cosas cambiaron y no se habló más del asunto. Le preguntan al artista, a la hora de los postres, si este segundo proyecto se conserva.

Y contesta alborozado:

- ¡Hombre!...De dos maneras se conserva: en los planos donde está dibujado y en mi ánimo, que con tanto gusto iría a Montevideo para verlo realizarse.

COMENTO: Dije que la chaqueta de Mujica no es oprobiosa y del mismo modo digo que no estaría nada mal que nuestro Presidente atendiera a Venezuela y moviera los requisitos para que la Plaza Venezuela de Cruz Diez exista en Montevideo. Fue concebida; por el puro afán de tener entre nosotros una gran obra y por rendir homenaje a un pueblo amigo, con el cual estamos en deuda, en cuanto a plazas públicas.

LOS DICHOS DE CARLOS CRUZ DIEZ. Cuenta en el mundo la palabra de este hombre extraordinario.

- "La gente acepta siempre las técnicas tradicionales del arte. Cuando uno va en contra, tiene que orientar y explicar el por qué. Ya lo hicieron los constructivistas, Hay que ver lo que escribió Malevich, lo que escribió Klee, Torres García. Yo seguí esa senda. Cuando empecé a exponer mis obras la gente no entendía nada. Es lo que sucedió con las cromosaturaciones; es decir, las ambientaciones de color que hice en 1965. No las pude exponer hasta 1968. Como no había objetos ni formas la gente pasaba de largo y no se detenía. Somos adoradores de la forma y la gente al no encontrar ninguna, ni hallar nada que mirar, se iba. Por eso sentí la necesidad de explicar. El arte es para la gente que mira; pero si no ve…".

"Es tal la invasión de imágenes y colores que nos rodea, que nos volvemos insensibles. El arte es didáctico. Mi obra tiene el propósito, algo utópico, de mostrar que hay más cosas de las habituales, para ver. Hay que despertar las percepciones dormidas". "La mayor cantidad de información que captamos entra por la percepción visual. Eso es en lo que he tratado de profundizar y explicar. No son efectos ópticos, son realidades que están ahí y se pueden ver".

"En América Latina hubo un movimiento de ruptura que salió de los países sin historia, países de inmigrantes: Venezuela, Uruguay, Argentina y Brasil. Más dificultad tuvieron para aceptar la ruptura (México, Perú, Colombia); que han tenido excelentes artistas, pero más apegados a su tradición.

Estoy muy feliz porque, después de tantos años, ahora somos admitidos. Los jóvenes entienden mi trabajo. Yo le llamaba participativo, manipulable. Ellos me dicen, eso es "interactivo."

Y sí... Es lo mismo".

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