Juan Martín Posadas
No hay problema más serio en este momento que el caos en que ha caído la enseñanza. El lunes hubo una nueva asonada del sindicato ADES que impidió, por tercera vez, la elección de horas para el plan Pro-Mejora. Se refirió al asunto en conferencia de prensa el secretario de Presidencia. Según el Dr. Breccia la postura oficial del Poder Ejecutivo es dialogar para convencer. Respecto a exigir cumplimiento de lo legítimamente dispuesto: ni una palabra. El camino es convencer porque, según sus palabras, a prepo no se consigue nada. Agregó que no es justo acusar de inacción al gobierno pues éste, cuando sea la hora de actuar, lo hará sin vacilar. El razonamiento del Dr. Breccia es eminentemente uruguayo (y mujiquista): en esta tierra la invocación al diálogo siempre es una salida (aunque no conduzca a ningún lado).
En primer lugar hay que introducir en este análisis el elemento temporal. ¿Cuánto tiempo se va a tomar el gobierno para convencer? ¿Cuánto tiempo le va a llevar? ¿Dos semanas? ¿Dos años? El tiempo útil para convencer en este caso tiene cotas implícitas. Si el proceso dura tanto que el remedio llega cuando el paciente ya está muerto, entonces no sirve para nada. El tiempo para convencer en la enseñanza ya se le acabó al gobierno; no se puede invocar el camino de convencer -aún con las correspondientes citas de Miguel de Unamuno- como si estuviéramos en el primer día de la discusión.
La opción por convencer ha sido fundamentada y resaltada en contraposición a la imposición, al llevarse todo por delante, a la política del pechazo. Hermosa frase que, en la circunstancia, esconde una brutal falacia y que ha ofendido con razón a muchos, porque lo que ha primado hasta ahora, es la desembozada prepotencia de los dirigentes gremiales: sobre los profesores, sobre las autoridades de la enseñanza, sobre el gobierno, sobre los acuerdos políticos y sobre los intereses de los alumnos. Es a prepo que se ha impedido elegir horas, sin ningún miramiento para los docentes que vienen del interior ni por nada. La prepotencia campea no sólo en este trámite sino en todo el manejo de las reformas de la enseñanza. La actitud pusilánime del gobierno ha desatado la prepotencia: ¡no me vengan a hablar que están en contra de la prepotencia!
Finalmente parece una ironía que no va con el estilo de Breccia decir que él o el gobierno tienen un plan para convencer a los gremialistas de la enseñanza. ¿Convencerlos de qué? ¡Si ellos no están discutiendo mejoras para la educación sino modos de mantener el control sobre los organismos de dirección de la enseñanza!
El gobierno se ha encerrado a sí mismo; no puede reformar la enseñanza sin los gremios pero, con las franquicias que les ha dado, tampoco puede hacerlo con los gremios. Afortunadamente hay un buen número de docentes que está fuera de ese corral, que saben de enseñanza, que están dispuestos a romperse al alma por ella y que podrán hacer lo que cualquiera de los otros dos protagonistas no puede. El gobierno tiene que desvincularse realmente de la prepotencia y ponerse del lado de estos docentes. Hablando de convencer, de esto hay que convencer al gobierno.