Bruselas | Todos le temían, ninguno oficialmente se animaba a mencionarlo, pero la Europa de dos velocidades se ha convertido en una realidad a la sombra de la Cumbre de Bruselas y condicionará la arquitectura institucional futura de la Unión Europea.
El nuevo formato es de 26 contra uno. Por un lado, los 17 países de la eurozona y nueve de los diez estados que han decidido mantenerse por afuera de la moneda comunitaria: Bulgaria, Dinamarca, Letonia, Lituania, Polonia y Rumania, a los cuales se suman República Checa, Suecia y Hungría.
En la acera de enfrente, Gran Bretaña, arrinconada en la defensa de sus propios intereses nacionales, de su "City" financiera y de la solvencia de su libra esterlina.
Los 26 han decidido rendirse a las normas rigurosas que controlarán los presupuestos nacionales, "regla de oro" que quedará acuñada en sus respectivas constituciones. Una pequeña revolución institucional nació, curiosamente el día del 20° aniversario de Maastricht, la localidad holandesa donde fue firmado uno de los tratados más importantes de la historia de la UE que dio caracter político a la integración.
En Bruselas se ha asistido a un acuerdo de carácter político antes que jurídico, se ha salido del marco institucional y, por primera vez, Gran Bretaña no ha logrado imponer posiciones y se ha quedado fuera, "aislada". La circunstancia es inédita.
La nueva Europa de dos velocidades ha quedado asentada a partir de las discrepancias para modificar el Tratado, un férrea posición que enarbolaron París y Berlín, pero que Londres abortó. Ante esto se debió apelar al pacto "intergubernamental", un acuerdo político y no jurídico.
El primer ministro británico, David Cameron se mantuvo inamovible de su posición. Parco, sin espacio para la negociación. La UE avanzó como pudo con su objetivo y en marzo firmará el pacto con 17 países de la eurozona y unos cuantos más voluntarios que se sumarán.
Germina una nueva UE post-crisis, más estricta, meticulosa con las cuentas y con dinero para la asistencia. Tanto se le criticó a sus líderes la capacidad para reaccionar, que esta vez han dejado nada librado al azar, la voluntad de los gobiernos nacionales también ha quedado bajo la lupa en materia económica.
Londres se ha apartado, fiel a su tradición de individualismo. El escenario tan extremo es nuevo para la UE, pero el mensaje es claro: "el euro es un proceso irreversible", como avisó el presidente de la Comisión UE, José Manuel Barroso. ANSA