JORGE ABBONDANZA
De martes a domingos puede visitarse en el Museo Zorrilla de Punta Carretas la exposición de esculturas en granito y mármol de Giorgio Carlevaro. El museo está en la calle Zorrilla de San Martín 96 y abre de 14 a 19 h.
Como si asumiera un creciente desafío, Carlevaro parece ir en busca de la mayor resistencia del material que trabaja. El joven ceramista que dejó atrás la elasticidad de la arcilla, se ha convertido en el escultor obstinado por vencer la reciedumbre del granito y el mármol. Esos son los elementos de esta muestra, en los que el artista se interna hasta extraerles varios grados de expresividad. Elige por ejemplo el contraste entre superficies pulidas y zonas ásperas, modulando así las calidades sensibles de los bloques, que en las piezas más atrayentes de esta selección tienen el carácter ciclópeo de prismas o columnas, cuya potencia vigoriza cada solución formal, otorgando al conjunto la índole de una búsqueda impaciente o una tenaz inquietud, más que las de una definitiva conquista de las posibilidades de la materia. Por eso Carlevaro surge en sus obras con la avidez de un labrador, antes que con la serenidad de un dominador de los trozos que aborda, y tal vez por ello el resultado tiene la dinámica que caracteriza a las excavaciones.
Pero el artista es además un paisajista en piedra, donde talla ventanas y escaleras que invitan a acompañarlo en el duro recorrido por esa entraña, como si guiaran el ojo del visitante para asomarse a un hueco, descubrir una grieta y sobre todo subir o bajar por las escaleras que a veces confieren a la pieza un trasluz arqueológico, el perfil de unos restos arcaicos o el claroscuro de una escenografía primitiva, hermosamente sombreada por la ondulación de los peldaños, que a veces desembocan en el espacio -igual que una frase con puntos suspensivos- y por el monumentalismo de las paredes que los flanquean. Hay todo un relato que se desarrolla así en los senderos de esas tallas, con lo cual el paisajista se transforma también en un narrador.
Sin embargo, no todos los elementos formales que maneja el escultor están resueltos en la misma escala ni tienen la misma carga visual, provocando algún desencuentro entre los componentes de ciertas obras. Eso ocurre con un poderoso disco en cuyo borde se incrusta un rectángulo, trabajado con una delicadeza incapaz de establecer un diálogo con la forma que lo recibe, sino en todo caso un desequilibrio que los neutraliza. Y ese efecto permite pensar en el beneficio de un mayor despojamiento o un gradual descarte de elementos accesorios, e imaginar lo que el artista habría logrado con la pura expresividad de su gran rueda, sin otras incorporaciones. De cualquier manera, los reparos no impiden reconocer la energía y el impulso del lenguaje que vuelca el escultor, así como la fuerza que arranca al granito en sus mejores trabajos, como el marco negro del cual brotan unos tubos quebrados, notable imagen que parece reflejar la huella de una destrucción o la puerta que se abre hacia un mundo como el de hoy, tan atravesado por la violencia.
En el medio plástico uruguayo la colonia de escultores sigue siendo escasa, lo cual redobla el interés con que conviene seguir la evolución de una capacidad y un vigor como los de Carlevaro. Su relación con la piedra debe mantenerse viva.