Cuarenta toneladas

Detrás de toda producción hay trabajo, capital, riesgo. Por delante de toda exportación están los esfuerzos previos para encontrar mercados, penetrar en ellos y luego mantenerlos. Si se trata de frutos, debe esperarse que las plantas, arbustos o lo que sea, crezcan, mientras se lucha contra las pestes, la falta o el exceso de agua y si son productos perecederos, los tiempos para poder aprovechar y vender la cosecha, son esenciales. Ese es el caso de los arándanos, una fruta hasta hace poco exótica en nuestras tierras, de manejo bastante difícil, que en los últimos tiempos pasó a integrar la lista de las exportaciones no tradicionales. La apertura de las puertas hacia el mercado estadounidense acaparó titulares en época de Tabaré Vázquez, cuando la visita del presidente Bush a nuestro país, aunque como ocurre con estos negocios, después tomó su buen tiempo hasta que finalmente salió el primer cargamento de esos "blue berrys", tan codiciados en el hemisferio norte en la contra estación.

Sin embargo, un piquete organizado por unas 20 personas, con 14 de ellas que tomaron la plantación y las instalaciones, impidieron hacer la recolección de la fruta en su justo momento. Días después ya no presentan el grado de maduración de acuerdo a la calidad exigida por los compradores, así que la posibilidad de exportar 40 toneladas se frustró definitivamente. No solo el propietario perdió los US$ 200 mil que esperaba recibir a resultas de su inversión, sino que se perjudicó a los 300 empleados que normalmente allí trabajan, mientras el futuro de la empresa se ha obscurecido y por ende, la capacidad de brindar empleo, ya que para asegurar las ventas es elemental el cumplimiento de los compromisos. Sin embargo, al sindicato de obreros rurales (Osdor) no le importó nada de esto. Lo importante para ellos es lograr una nueva cucarda en su carrera de sindical, aunque sea apelando a acciones que violentan la propiedad ajena y el derecho al trabajo de quienes no están de acuerdo, contrarios a medidas que atentan contra su fuente de trabajo. Pero negociar de otra forma no les rinde tanto a los dirigentes, así que a pesar de que se había pautado una reunión para el lunes siguiente en el Ministerio de Trabajo, prefirieron arruinar la exportación.

Solo después de que intervino la Justicia Civil, ante la acción de amparo interpuesta por el dueño, el piquete comenzado el 16 de noviembre, fue levantado el día 23, cuando ya era demasiado tarde.

Si hubiera sido planteado en el fuero laboral es posible que siguieran ahí, imposibilitando siquiera una recolección tardía, que tal vez permita vender para la industria local a valores muy inferiores, dado que la opinión de una integrante del Tribunal de Apelaciones Laboral es que los piquetes y las ocupaciones son parte del derecho de huelga. Según se ve, las observaciones contrarias, hechas por la Organización Mundial del Trabajo, (OIT) la tienen sin cuidado. No es de extrañar entonces, que los piquetes se repliquen, ya que los dirigentes gremiales han visto que resultan tan efectivos como las ocupaciones para conseguir lo que pretenden, pues paralizan la fábrica sin la responsabilidad de los posibles daños materiales dentro de ella. Los otros más intangibles, como perder clientes y ventas, no son factor de su preocupación. Pero deberían serlo, dado que por todos lados asoman luces de alerta indicando que la actividad económica se está enlenteciendo, que la crisis del norte no nos dejará indemnes, al tiempo que bajan los precios de los commodities y por lo tanto no es inteligente para los intereses de nadie, boicotear la actividad con un paro tras otro, como ocurre actualmente. Empezando por los insaciables empleados públicos con COFE a la cabeza y siguiendo por los privados. Los datos del tercer trimestre no son buenos y para el cuarto se percibe bastante incertidumbre debido a las condiciones externas. Bajan los precios de lo que vendemos, mientras el petróleo se mantiene alto. Al mismo tiempo, las medidas y las contradictorias señales de nuestro actual gobierno están minando la confianza con el consiguiente desestímulo a la inversión.

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