HUGO GARCÍA ROBLES
En la génesis y desarrollo del tango como música de ambas orillas del Plata, los lugares como los cafés, fueron hospitalarios para la nueva expresión que surgía. Baste recordar los nombres míticos de Buenos Aires como el Germinal y en Montevideo el Tupí Nambá, en cuyos palcos desfilaron los grandes creadores del tango. Existe foto que muestra al Sexteto de Elvino Vardaro, en 1937, en el Tupí de Montevideo con Troilo, apenas veinteañero.
Por ello resulta digno de aplauso que ahora en el restaurante !Ay! Carmela abra, su sede, un espacio para el tango. Días pasados, allí cerró un ciclo de presentaciones, el barítono Raúl Montero Zorrilla ("El Ciruja"), acompañado por la excelente guitarrista Ana Pierotti.
Raúl que no solamente canta sino que también compone y escribe, realiza un repertorio muy interesante donde incorpora no sólo los tango conocidos, sino también otros cuyas músicas, firman Héctor Tosar, Lamarque Pons o el propio cantante, quien a veces coloca a esas melodías textos propios. Al mismo tiempo, musicaliza autores como Juan Carlos Legido o Enrique Estrázulas. De este modo sus actuaciones redondean un perfil totalmente original y hasta renovador.
Raúl es dueño de un poderoso caudal de voz, con timbre de hermoso color, que maneja con total solvencia técnica. Son admirables sus "filados" y esta capacidad lo convierte en un versátil intérprete, que transita fluidamente por el tango, la milonga, las "canzonette" napolitanas o la ópera sin más.
En la velada que reseñamos rápidamente, cantó en primer término, la bellísima canción Tosti, letra de Gabriel D`Annunzio "A vucchella", iniciando su actuación con esta joya del repertorio popular italiano que, por cierto, sintoniza tan armónicamente con el tango.
Los dos tangos de Tosar fueron sorprendentes. Se trata de composiciones ceñidas al modelo popular de modo fiel, inusitado en un compositor vinculado a la vanguardia. Suenan melódicamente gratos y en lo rítmico afincados en la estructura habitual de la cara bailable de la forma.
El público que colmaba el lugar, aplaudió insistentemente y la superposición de la música y el servicio de las mesas no interfirió en ningún momento. Un modo de escuchar tango que debe persistir.