Hay frases y consignas que suenan muy bonitas y son muy efectistas. Allí están "podremos meter la pata, pero no la mano en la lata", o esa otra más reciente "Un gobierno honrado, un país de primera". El problema es que la gente no las olvida, menos cuando en el Senado de la República, un integrante de la oposición descarga una andanada de denuncias que provoca estremecimiento, sobre algo que se tenía la percepción de que funcionaba muy mal (en muchos sentidos), pero resultó que era mucho más grave: la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE). En el curso de una interpelación, el senador Luis Alberto Heber fue acorralando al ministro de Salud Pública, Jorge Venegas, primero en forma de preguntas y luego con afirmaciones documentadas que no sólo confirmaban el caos y la politización (por algo se hablaba del comité de bAsse) que pueden significar responsabilidad política de sus autoridades, sino también la existencia de decisiones u omisiones que pueden terminar en la Justicia penal.
Heber denunció licitaciones sin difusión, miles de observaciones del Tribunal de Cuentas, adjudicación directa de publicidad durante cuatro años, ausencia de rigor en el control de los médicos de ASSE y la situación muy especial de la empresa "Buena Estrella". El tema de la publicidad corresponde a la administración Vázquez en el 2007, otorgada a la empresa Perfil -pese a un informe contrario de la comisión asesora-, observada por el Tribunal de Cuentas y reiterada por el Poder Ejecutivo hasta el 2010, cuando el Tribunal de lo Contencioso Administrativo anuló esa adjudicación por "desviación de poder" que constituyó un "acto ilegítimo". Lo extraño en este episodio fue que las reiteraciones del gasto, no las hizo como es habitual el titular del ministerio (en ese entonces María Julia Muñoz), sino directamente el Presidente de la República, hecho sin antecedentes en el país. ¿Un caso típico de "meter la pata" al favorecer a la empresa de la esposa de su ex jefe de campaña?
En la administración Mujica y con Venegas en Salud Pública, el Tribunal de Cuentas observó la friolera de 29.000 gastos de ASSE por un total de 88 millones de dólares. Demasiado dinero para ser manejado discrecionalmente y contra la opinión del organismo encargado del contralor de los gastos del Estado.
Pero fue sobre el final que Heber descargó la artillería pesada. La limpieza del Hospital Maciel ha sido un ejemplo de desorden e irregularidades. Lo fue cuando ocurrió la contratación de "Clanider" que terminó con procesamientos, cierta sensación de que fueron pocos y la empresa clausurada. Y lo ha sido ahora con la "Buena Estrella", una cooperativa surgida con el loable objetivo de buscar amparar a lo extrabajadores de "Clanider", pero que en poco tiempo la ha superado en sobrefacturaciones y cosas poco claras. El dedo acusador de Heber fue directamente contra el polémico Alfredo Silva, representante de los trabajadores en ASSE, a quien denunció como responsable de los "acomodos" que han permitido a la empresa recibir adjudicaciones directas y ganar licitaciones en condiciones favorables en varios hospitales públicos. Silva ha negado los cargos y su vinculación con la cooperativa.
Porque lo cierto es que la "Buena Estrella" surgida de las cenizas de Clanider, ya presta servicios, no sólo en el Maciel, sino también en el Instituto Nacional del Cáncer, en el Centro Auxiliar de Salud de Pando y -por adjudicación directa- en el Hospital de Rivera.
En septiembre de 2010 cierra "Clanider" y un año más tarde, como por arte de birlibirloque, la humilde cooperativa de exfuncionarios está prestando servicios en cuatro hospitales y de recaudar $ 7 millones salta, en solo un año, a $30 millones. Algún padrino ha tenido para que en los llamados a licitación a que se presenta y gana se incluya la exigencia de un "proyecto socio-educativo" (¿adoctrinamiento?) a desarrollar, parrafito que sólo aparece cuando la "Buena Estrella" compite; como algún padrino tuvo para que a los funcionarios de una empresa tercerizada (privada) como lo es, se les permita integrar la Federación de Funcionarios de Salud Pública que maneja Alfredo Silva.
Parafraseando a Shakespeare, "algo huele a podrido en Uruguay".