Eurozona al borde de recesión y la moneda común está en peligro

Crisis en Europa. Los bancos buscan desprenderse de los bonos más riesgosos La apretura fiscal quitaría al menos un punto porcentual al crecimiento Caen órdenes de compra a industrias

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LONDRES | THE ECONOMIST

La crisis de la eurozona se está convirtiendo en pánico y arrastra a los países que la componen hacia la recesión. Hay un riesgo, alarmantemente alto, de que la moneda común de 17 países se desintegre en pocas semanas.

Primero fue Grecia, continuación Irlanda y Portugal y después Italia y España. Mes a mes, la crisis en la eurozona ha reptado desde la periferia vulnerable de la zona de esta moneda hacia su núcleo, ayudada por la negación, el diagnóstico erróneo y la dilación por parte de quienes definen las políticas en la eurozona. En fecha reciente, los bonos de los gobiernos de Bélgica y Francia han estado en las listas dudosas de los mercados financieros. Los inversores se muestran despreciativos con los bonos alemanes: una oferta de esos bonos a 10 años, realizada el miércoles último concitó interés por solo US$ 4.800 millones de la oferta total de US$ 8.040 millones.

Lo peor es que hay señales de que la economía de la eurozona se encamina hacia una recesión, si es que ya no se encuentra allí. Los pedidos a las industrias en la eurozona cayeron 6,4% en septiembre, la caída más aguda desde las jornadas oscuras de diciembre de 2008. Un índice seguido con atención sobre el sentimiento en la eurozona, basado en relevamientos de información de gerentes de compras de los sectores manufacturero y de servicios, también da señales de contracción, con un nivel de 47.2. Cualquier valor por debajo de 50 sugiere que la actividad se contrae. El Índice de Confianza de los Consumidores, que efectúa la Comisión Europea, cayó en noviembre por quinto mes consecutivo. Ahora, una calamidad mayor parece más probable. La presión financiera que se intensifica hace crecer las chances de un cese de pagos desordenado por parte de un gobierno, una corrida por depósitos a la vista contra bancos escasos de efectivo, o una revuelta contra la austeridad que marcaría el comienzo del quiebre de la eurozona.

El gobierno alemán probablemente reste importancia a su fracasada oferta de bonos: le gusta preciar sus bonos lo más alto posible y ocasionalmente no puede vender todo los que quisiera, hasta en tiempos sin dificultades. Otros gobiernos no tienen tanta suerte; el contraste entre los costos de pedir prestado que tiene Alemania y los de otras naciones de la eurozona es duro. Los bancos europeos se deshacen de los bonos de los países menos confiables y de otros activos, en un intento de conservar su capital y mejorar su flujo financiero, debido a que acecha una crisis de financiamiento. Los gobiernos prometen recortes aún más severos de los presupuestos, en la esperanza de pacificar a los mercados de bonos.

estrechez. El resultado directo de estos embrollos es una escasez de crédito y una apretura sobre la demanda agregada que fuerza a Europa hacia la recesión. Si se agregan los efectos indirectos sobre la confianza de los consumidores y las empresas, la caída se acentuará.

Hay que considerar los tres ingredientes para una recesión: estrangulamiento del crédito, política fiscal más estricta y falta de confianza. Los créditos de los bancos europeos exceden a sus depósitos, por lo que deben depender de fondos masivos -papeles de corto plazo, bonos de más largo plazo o créditos de otros bancos- para cerrar la brecha. Pero, los inversores están más recelosos de prestarles a los bancos que tienen bonos de la eurozona en sus libros, que ya no pueden depender del respaldo de sus gobiernos porque éstos tienen problemas propios de financiamiento. Las emisiones de bonos de largo plazo son escasas y los fondos de mercado monetario estadounidenses, que fueron compradores de papeles bancarios de corto plazo, están asustados.

Los bancos están en un frenesí de desprenderse de activos para reunir efectivo y para racionar su capital, con la finalidad de cumplir las metas de adecuación mínima de capital fijadas por la Unión Europea para junio de 2012.

Los gobiernos también hacen recortes. Resulta difícil medir el impacto preciso de la apertura de cinturón del próximo año. En Francia se acercan a un acuerdo sobre los planes presupuestales: probablemente haya más recortes, los que serán aplazados hasta después de las elecciones de marzo. Italia todavía tiene que aprobar un programa revisado de recortes. El nuevo gobierno de España ha prometidos más abatimiento del gasto, especialmente en los desembolsos regionales, con la finalidad de cumplir las metas de déficit acordadas con Bruselas. Aun así, parece evidente que la apretura fiscal debilitará el crecimiento. Si se toman los planes presentados a la Comisión Europea y se le suma todo lo que se ha anunciado desde entonces, la estrechez a lo largo de la eurozona se situará en alrededor del 1,25% del PIB el año próximo, estima Laurence Boone, economista jefe para Europa de Bank of America. Boone dice que eso de por sí es suficiente para quitarle alrededor de un punto porcentual al crecimiento del PIB en 2012. Alemania será la menos afectada entre las cuatro economías más grandes de la eurozona, seguida de Francia. España e Italia serán las más golpeadas.

EN CAÍDA. Las empresas y consumidores de la eurozona serán arrastrados a la espiral descendente de confianza. La aguda declinación de las órdenes de compra a las industrias, en septiembre, fue una señal temprana de que las empresas están en restricción. Es probable que los consumidores aplacen las compras grandes, mientras la crisis no tenga solución y el crédito resulte escaso.

Una caída de la demanda de bienes de capital, bienes de consumo duraderos y autos golpeará el corazón industrial de la eurozona, incluyendo a Alemania. Boone reconoce que el PIB caerá alrededor del 0,5% en Alemania, el próximo año, y por una cifra similar en la totalidad de la zona. En septiembre, el FMI pronosticó que el PIB de la zona crecería 1,1% en 2012, aunque estimó que si los bancos continuaban en la tendencia actual, la economía podría constreñirse alrededor del 2%.

Una caída de tal severidad incrementará las presiones dentro de la zona. Los inversores estarán menos dispuestos a financiar a los bancos. A medida que crece el desempleo, la recaudación impositiva disminuirá y aumentarán los pagos de bienestar social, lo que dificultará a los gobiernos la contención del déficit y el cumplimiento de las metas que han fijado. Eso llevará a los mercados de bonos a cuestionar, aún más, su solvencia.

En esas circunstancias, aumentan las chances de un error de política y de aumento del pánico. Los cálculos de los inversores en bonos, depositantes en bancos y políticos son proclives a cambios abruptos. La esperanza de que la fractura de la eurozona puede ser evitada por responsables de las políticas con amplia visión, podría dar lugar a creer que es inevitable. Esa creencia, una vez que se afianza, probablemente se cumpla.

¿De qué manera? Si se seca el financiamiento para los países y los bancos, surge la amenaza a la integridad del euro, debido a la marcada división entre los países deudores y acreedores dentro de la zona. En marzo de 2010, el entonces presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, hizo alarde de que simplemente pertenecer a la eurozona automáticamente asegurar el financiamiento de la balanza de pagos. Ahora, no parece ser así.

Cuanto más crezca el costo del financiamiento, saldrá más dinero hacia manos extranjeras para pagar el servicio de la deuda. Por ello, el tema de la solvencia nacional va más allá de lo que deben los gobiernos.

Las cifras

108 mil millones de dólares en vencimientos de deuda tiene Italia entre enero y febrero.

11,2 por ciento será la tasa media de desempleo europea en 2012, según JP Morgan.

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