El miércoles 16 del corriente se produjo un intento de fuga en el Comcar: reclusos equipados con pistolas y revólveres, protagonizaron un sangriento pero frustrado escape. Luego de ello no demoraron en empezar las conjeturas sobre cómo y cuándo habían llegado las armas de fuego a manos de los presos. Desde esta página señalamos que a nuestro entender no había nada raro. Que aunque parezca un contrasentido, armas blancas y de fuego son ubicuas en los centros de detención.
Un experto en el tema, se ha pronunciado en forma coadyuvante: el comisionado parlamentario Álvaro Garcé dijo que las armas de fuego ingresan por "decenas" en los últimos tiempos a las principales cárceles. Manifestó su convicción de que quienes las introducen son "policías desleales".
El jueves pasado Garcé presentó un esclarecedor informe extraordinario a la Comisión Especial de Seguimiento del Sistema Penitenciario del Parlamento sobre el intento de fuga de los cuatro reclusos que se escudaban en cinco rehenes. Garcé señala que hay armas en las cárceles y pide que sean buscadas concretamente en tres de ellas: Comcar, Canelones y ex CNR.
Todo esto nos lleva al viejo asunto de la crisis carcelaria. Un fenómeno creciente, en especial considerando el aumento de la actividad delictiva que se vive en el Uruguay de hoy y el consecuente aumento de reclusos a volúmenes asombrosos. Una crisis que no será superada con paños tibios tales como la iniciativa del actual gobierno rotulada como una intención de "humanizar" el sistema carcelario.
Habría que encarar el tema en profundidad, pero no parece que en la órbita oficial tengan la voluntad o capacidad para tal cosa.