GUILLERMO ZAPIOLA
La crisis económica no perdona, y Hollywood ha comenzado a apostar a la austeridad. Los ejecutivos de la industria cinematográfica lo están pensando dos veces antes de financiar una superproducción.
En años anteriores, la tendencia había sido la contraria: aumentar los presupuestos para satisfacer las expectativas del público. Ahora, los grandes estudios han empezado a hacer recortes y a cancelar proyectos que les parecen demasiado costosos. Las películas caras, que hace apenas un lustro habrían sido aprobadas sin pestañear, son sometidas ahora a un escrutinio mucho más cuidadoso, y quienes logran que sus proyectos sean aceptados deben hacerse a la idea de que tendrán que usar menos efectos especiales y actores dispuestos a percibir salarios más bajos, y a que los planes de rodaje no multipliquen innecesariamente las locaciones.
El fenómeno no es totalmente nuevo. En los últimos cinco años, las grandes productoras han reducido casi en un tercio el número de películas que estrenan anualmente, con dos objetivos: reducir costos, y evitar que las grandes producciones compitan entre sí estrenándose en fechas simultáneas.
Algunos ejemplos recientes resultan verdaderamente llamativos. El pasado mes de julio, la empresa Disney decidió postergar el inicio del rodaje de El Llanero Solitario (en el que Johnny Depp encarnaría a Tonto o Toro, el indio amigo del protagonista), aunque ya había comenzado la construcción de los decorados en Nuevo México. Y Universal canceló La Torre Oscura, un ambicioso proyecto de tres películas y dos series de televisión inspiradas en los textos de "fantasía heroica" de Stephen King, aunque es posible que una versión menos costosa logre finalmente otras fuentes de financiación.
Voces cercanas a Disney han señalado que el presupuesto de El Llanero Solitario excedía los 250 millones de dólares, y que la empresa reformuló el proyecto para reducirlo a 200 millones. En octubre, los productores dieron luz verde a la versión más barata, y ahora se anuncia que el film se estrenaría a mediados de 2013. El director general de Disney, Bob Iger, ha explicado la nueva estrategia de la compañía.
"Nuestra intención es analizar con mucho cuidado lo que cuestan las películas``, ha dicho. "Si no podemos llevar el costo a un nivel con el que estemos cómodos, creo que será mejor reducir el tamaño de nuestra apuesta".
En la base de todo parece estar la caída en las ventas en DVD. Hasta fechas recientes, los estudios podían darse el lujo de producir numerosas películas con grandes despliegues de acción, costosos efectos especiales y actores que cobraban decenas de millones. Aunque la recaudación en taquilla no cubriera los costos, Hollywood contaba con las ganancias del mercado hogareño. Eso ya no funciona.
Por otra parte, el aumento de los presupuestos de las grandes superproducciones se ha vuelto difícil de manejar. En 1995 se hablaba de un costo promedio de 42 millones de dólares. En 2011 esa cifra ha crecido a 78 millones, y la recuperación en taquilla no ha subido (de hecho se ha mantenido estable, pero gracias a un aumento en el precio de las entradas: el número de boletos vendidos, en cambio, ha bajado).
El resultado es que cada gran proyecto cinematográfico enfrenta más presiones que nunca para tener éxito, y la industria tiende a volverse más conservadora: franquicias seguras, secuelas de películas exitosas. Las nuevas franquicias entusiasman mucho menos, y de hecho algunas han muerto al nacer (La brújula dorada, Percy Jackson, Linterna Verde). En el mundo de los superhéroes, sin ir más lejos, se está volviendo a lo "seguro" (otro Batman, otro Superman, otro Hombre Araña, más inesperadamente otro Iron Man, gracias sobre todo a Robert Downey Jr.). Los ejecutivos expresan muchas más dudas cuando se les ofrece algo nuevo: hoy resultaría improbable, afirman, que pudiera repetirse un fenómeno que arrancara de cero como Avatar.
La reducción del mercado hogareño
"El auge en la compra de DVD ocultó muchos pecados en la parte intermedia de la década pasada", señala Tom Adams, principal analista y director de medios de la consultoría IHS Screen Digest en Estados Unidos. Pero está terminando la era del DVD.
IHS observa que las ventas de discos de video en Estados Unidos cayeron de 10.300 millones de dólares en el 2004 a 7.000 millones el año pasado. La popularidad de las opciones económicas de alquiler de películas, como Netflix y Redbox, junto con la piratería, han abatido las ventas de DVD, afectando las ganancias de la industria cinematográfica. Las ventas de discos Blu-ray y las ventas legales de contenido en Internet no han compensado la caída.