En la primera página, del primer número de este diario, editado el miércoles 14 de setiembre de 1918, al margen inferior izquierdo, se publicó, con este mismo título, un artículo donde se expresa que El País nacía entendiendo "que es múltiple la función de la prensa: junto al reflejo, con la información abundante y variada, de todos los sucesos; al lado del comentario que formula la crítica o tributa el aplauso y señala a las multitudes el rumbo, el diario debe dar cabida a un material desinteresado: las artes y letras que ennoblecen la vida", todo ello con el propósito de democratizar la cultura, difundirla y formarla. Los memoriosos recuerdan que ese artículo, marcando lo que fue en un aspecto el futuro del diario, fue escrito por uno de los fundadores, el Dr. Washington Beltrán.
Hace pocos días, en la sede de la OEA, en Washington, en el marco de las celebraciones del 2011 como el año Interamericano de la Cultura, inaugurando la V Reunión Interamericana de Ministros de Cultura, el Secretario General de la Organización expresó que los países y gobiernos de la región deben "seguir desarrollando políticas culturales afines a los tiempos, democratizar la cultura y hacer de ella una vivencia diaria y un medio de vida digno, cuidar sus muchas manifestaciones, respetando su originalidad y diversidad, apoyar a sus muchos creadores y potenciar su papel en el desarrollo y la construcción de sociedades más libres, más justas y más democráticas".
Es gratificante comprobar como, noventa y tres años después de haberse proclamado aquella consigna en este diario, los mismos conceptos y hasta las mismas palabras, se siguen repitiendo, estimulándonos a continuar por el camino transitado.
En esa línea El País ha marcado siempre una conducta, no sólo a través del apoyo a las actividades que se realizan en Montevideo o en el interior, sino además, convocando a concursos, publicando artículos, desplegando suplementos generales y temáticos, manteniendo secciones especializadas, recogiendo conferencias, abriendo sus columnas a los intelectuales más prestigiosos, imprimiendo libros, impulsando una editorial, otorgando Premios como el de Medicina, fundando un Teatro, como el que merecidamente se denomina Carlos Eugenio Scheck en homenaje a quien fue un incansable generador de ideas, o un Museo, como el de Arte Contemporáneo, el famoso MAC. Todo ello sin perjuicio de estar permanentemente tras la búsqueda de novedades que se entregan con las ediciones diarias, dirigidas no solo al público adulto, sino también a deportistas, a los jóvenes y a los niños, impulsados todos con propósitos tan variados como el de ofrecer un lugar a los especialistas, entretener, educar y hasta estimular los valores morales, como se ha hecho en una última entrega de fábulas para los más pequeños, que asombrosamente se agotaban todos los domingos, poniendo de manifiesto que todavía hay miles y miles de padres interesados en sembrarlos y casas en que se reciben como una buena semilla para enfrentar los desafíos de todos los días. Ante la chabacanería de los gestos, la ordinariez de las expresiones e intentos como el de nacionalizar la salsa villera, que en algún momento fue institucionalizada adentro del Ministerio de Educación y Cultura y siempre defendiendo la pureza del idioma, la corrección de las expresiones, que cada día están siendo más avasalladas desde círculos oficiales, con el beneplácito incluso de algunos círculos seudo académicos que creen que festejando las guaranguerías se puede construir una identidad nacional.
Puede imaginarse a los tres fundadores de este diario, en un viejo edificio de la calle Rincón, hace casi cien años, en una mañana que debió ser luminosa, diagramando la primera edición, buscando los temas del día y planificando las del futuro, temerosos ante la respuesta con que el nuevo diario sería recibido, pero sin duda, seguros y convencidos de la tarea que emprendían. Les sobraba capacidad y amor por una causa, la del Partido Nacional, y los desbordaba un entusiasmo por el futuro del país al que debemos seguir siendo fieles.