MATÍAS CASTRO
Cuando la semana pasada hice una columna sobre los famosos de tercera línea, o más bien los famosos "accesorios" (esos que se vuelven notorios por tener una relación con alguien mediático), no pensé en el padre de Jessica Cirio. La vedette y modelo argentina se convirtió en una de las protagonistas de una telenovela que ha dado mucho tema de conversación en estos meses.
Y esta semana la cuestión llegó a extremos ri-dículos.
Jessica se ha enfrentado a su padre a lo largo de mucho tiempo, por varios motivos. El más reciente y notorio es el dinero que surgió de la venta de una casa, que supuestamente les correspondía a los dos. Horacio Cirio, quien hasta no hace mucho era un desconocido, se convirtió en una figura mediática al aparecer numerosas veces en televisión reclamando a su hija. Su hija, por otra parte, ha sido entrevistada en más de una ocasión y le ha contestado. Lo curioso es que los diálogos entre ellos siempre se dan por separado y en cámaras, nunca frente a frente ni mucho menos en privado como cualquier persona.
Esta semana Horacio sorprendió a todo el mundo con una nueva faceta en su vida. No solo presentó en televisión una canción (El baile del churrito, una suerte de reggaetón con una letra barata, pero que seguramente le dé algo de dinero), sino que también se metió en el mundo de los boliches nocturnos. Quiere decir que este hombre ya maduro ha pasado a integrar las filas de muchos ex integrantes de Gran Hermano, que durante un tiempo logran hacer unos pesos extras como invitados famosos a las discotecas e intérpretes de canciones que se ponen de moda brevemente. Lo ridículo es ver de dónde surgió todo esto. De tanto reclamar por televisión a su hija famosa, Cirio dio con las personas que podían hacer negocios con su propia fama accesoria. Mientras tanto, sus dos hijos (Jessica y Flavio) lo siguen denunciando a través de la televisión en el mayor circo familiar que se ha visto en años desde la Tv argentina.