La saga crepúsculo: amanecer parte 1
ficha
EE.UU./ 2011. Título original: The Twilight Saga: Breaking Dawn Pt1. Dirección: Bill Condon. Guión: Melissa Rosenberg. Fotografía: Guillermo Navarro. Montaje: Virginia Katz. Elenco: Robert Pattinson, Kristen Stewart, Taylor Lautner, Ashley Greene, Peter Facinelli.
A esta altura se sabe de sobra que los vampiros pergeñados por la escritora Stephenie Meyer para sus libros de La saga Crepúsculo no tienen relación alguna con el resto de los vampiros creados por cientos de escritores y películas. Excepto por los colmillos. Los cultores de los demás vampiros (y no solamente los clásicos como los Drácula de Christopher Lee y Bella Lugosi, sino encarnaciones como el Drácula de Gary Oldman, la vampira Carmilla del cuento de Le Fanu o los bichos de las novelas Nocturna, de Guillermo del Toro) han atacado en abundancia esta serie. Se ha dicho que es imperdonable que Meyer cree vampiros que pasan más tiempo llorando que actuando como criaturas de las sombras, que se reflejen en los espejos, que brillen con la luz y que tengan un deporte que hasta trajo alguna comparación con el Quidditch de Harry Potter.
Pero, por sobre todas las cosas, hay que reconocer que Meyer creó una historia de amor idílico juvenil que sintonizó desde el comienzo con una sensibilidad adolescente masiva. No en vano, ayer en MovieCenter había un par de decenas de adolescentes haciendo cola en el hall desde el mediodía para ser los primeros en entrar a la sala a la primera función del día de estreno.
A este público no le preocupa que el vampiro Edward Cullen vaya de luna de miel con Bella a una iluminadísima mansión en una isla frente a Río de Janeiro, ni que use bermudas o que juegue al ajedrez al sol y que haya tardado tres películas en concretar una relación sexual con su amada. Este acto, que implica gran autorrepresión y moralidad se opone diametralmente a cualquier encarnación previa de los vampiros. Se trata de un vampiro que no es vampiro, cosa difícil de digerir para cualquiera que no sea seguidor de esta historia (al que se interese por entrar en la saga le convendrá ver las películas anteriores). Queda a debatir si ese es un aporte original de Meyer al mito vampírico o no.
Por lo menos, los hombres lobo constituyen la parte más interesante del universo creado por Meyer, o al menos se quedan con las mejores secuencias de acción. Se mueven en manada, tienen herencia india pero se convierten de hombre a lobo con la velocidad de los Transformers de Michael Bay (muy lejos queda la dolorosa y lenta, pero impactante, transformación de Un hombre lobo americano en París).
La saga Crepúsculo no es una serie de terror, sino de amores adolescentes de novela. Hay amores eternos, pasiones no correspondidas, dilemas carnales, idas y vueltas afectivas, timideces y también enfrentamientos; todos elementos que se pueden encontrar en casi cualquier liceo. Esto no quiere decir que todos los adolescentes vivan las cosas del mismo modo, pero hay un buen porcentaje que sí lo hace. Y el mérito de Meyer y de quienes adaptaron sus libros al cine es haber dado en la tecla de esto.
"Abandonen toda esperanza, aquellos que entren aquí", dice la inscripción en la puerta del Infierno, en la Divina Comedia. Es la misma advertencia que se tiene que hacer a los cultores del terror que busquen en La saga Crepúsculo (en particular en este capítulo, que abre con un casto casamiento) elementos tradicionales o no tradicionales del horror. Lo que encontrará aquí son jóvenes que se enamoran, se pelean, se casan y hasta tienen un hijo, todo bajo unos códigos morales y éticos que responden a la agenda religiosa de Meyer. Al menos por un minuto, al final, aparece Michael Sheen en el personaje más interesante de todos. En la continuación habrá más de todo.