MATÍAS CASTRO
Los sitios web en Estados Unidos no dejan de sorprender. No por la abundancia de temas ni por el desarrollo técnico o estético, sino por lo que revelan sobre la gente. Ayer, al escribir la columna sobre los hijos de la farándula y el caso de Suri Cruise, busqué la expresión "Celebrity kids" en Google, y descubrí todo un universo aparte. Lo que encontré fue una buena cantidad de sitios especializados en el tema de los hijos de los famosos y unos cuantos dedicados también a mostrar a las celebridades cuando eran niños.
Siempre que se ponga un término en Internet, y si se busca en inglés, encontrará que hay grupos de gente que, aparentemente de la nada, salen a la luz para seguir esos temas. Así me encontré con que los hijos de la farándula son un tema aparte, casi una especialización en este mundillo.
"Lo tienen todo… son lindos, tienen dinero, fama, las últimas tendencias en ropas y tecnología", decía un texto de presentación en una página que hacía un ranking de los veinte niños famosos más lindos, "¡Y muchos de ellos tienen menos de seis años! Y mientras todos estamos de acuerdo en que todos los niños son adorables… tienes que admitir que algunos son más adorables que otros, ¿verdad?". En términos generales, es verdad: algunos niños son más adorables que otros. Sin embargo, el texto apuntaba a que los hijos de los famosos son particularmente adorables, y esa es una idea un poco complicada de manejar. Aparte de un gesto obviamente esnob.
Lo que sucede es que la misma clase de razonamientos esnob se aplica a los padres famosos. Sus hijos son parte de esa lógica en la que se mueven, donde se rinde culto al glamour de algunas parejas o se dicen pestes sobre divorcios y traiciones de otras. El punto aquí es que lo que en parte hace adorables a los niños es su inocencia, la misma que pierden cuando mucha gente se agrupa en sitios web o medios de todo tipo para rendirles culto, hablar sobre ellos y clasificarlos en infinitas listas de "adorabilidad".