Tiempo de crisis

Sebastián Da Silva

Mujica constituyó un fenómeno político en sí mismo, de su primera legislatura llegando en motoneta, hasta la colocación de la banda presidencial han pasado varios años de diseño y construcción de un perfil absolutamente novedoso para el pacato Uruguay. Su lenguaje común y silvestre, su auténtica austeridad, su honradez y su consecuencia con la causa que lo tuvo en cautiverio más de una década, lograron cierta condescendencia del gran público y una aceptación internacional inigualable.

Ningún presidente cometió tantos errores en la campaña electoral, ningún presidente fue más objetado por sus condiciones técnicas, pocos tuvieron tantas críticas previas de los círculos formadores de opinión y pese a ello mantuvo las mayorías absolutas .

Algunos pensaron que el paradigma de la política uruguaya había cambiado, y otros entre los que me encuentro, sostenemos que gran parte de su victoria se debe a su antecesor y a la formidable coyuntura económica en la que se encuentra nuestro país, que tapa y esconde horrores en el diario acontecer de este gobierno. Por tanto en épocas donde la bonanza pareciera que llega a su fin, es cuando veremos cuan tolerante es la población nacional con esta nueva forma de conducir los destinos nacionales.

Una buena medida para analizar a un gobernante, es ver la calidad de aplicación de políticas en las 5 áreas fundamentales de una administración, como son la economía, la educación, la salud pública, la política de vivienda y la seguridad interna.

En ninguna de estas áreas existe planificación, mucho menos ejecución. Aunque este gobierno maneje el mayor presupuesto de la historia nacional, los logros en vivienda son paupérrimos.

La salud pública está en permanente tela de juicio, la educación oficial tiene una pésima calificación y en materia de seguridad sobran las palabras para describir la situación que se vive.

Si la economía que es la única carta de crédito de esta administración, comienza a sufrir los embates de la crisis internacional, tendremos un gobierno que en poco tiempo tendrá grandes dificultades.

Estamos todos cansados de las improvisaciones, el ejemplo del problema con Francia es paradigmático, estamos todos cansados de escuchar talentear al Presidente en todos los temas y después culpar a los otros, estamos cansados en los atropellos a la Constitución escudados es actitudes "refundacionales", nos estamos cansando del gobierno en estado de Asamblea que habla, discute, se contradice y no avanza, y lo que es peor, los uruguayos con más dificultades están agotando su tiempo a la espera del cumplimiento de las promesas electorales.

Adivinar el futuro no es tema nuestro, pero seguramente quedará en evidencia, que no basta con hablar con lenguaje de boliche, tener salidas espontáneas o vivir hablando de derechos humanos para gobernar. Vendrá una etapa en donde a la retórica se le exigirá concreciones, en donde a las dificultades se le exigiría austeridad, y en donde a los ministros se le exigirá profesionalismo.

Lamentablemente nada de esto aparece en el horizonte.

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