El legendario Ringo Starr emocionó a los porteños

Recital. Actuó en el Luna Park ante quince mil personas

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BUENOS AIRES | IGNACIO QUARTINO

Pocas ciudades del mundo como Buenos Aires pueden darse el lujo de recibir, en menos de un año, a los dos Beatles que aún habitan este planeta y lo hacen cantando.

Pasó Sir Paul a fines de 2010 y el lunes Ringo Starr brindó su segundo y último show, junto a su All Star band que presentaron en el Luna Park su décimo segunda gira mundial.

Quince mil espectadores agotaron las localidades para estas presentaciones, donde estaba la oportunidad de ver en acción, y por primera vez en la región, a una de las máximas figuras de la música mundial junto a otras estrellas que marcaron los 80.

Postergado o, mejor dicho, eclipsado por la brillantez de sus excompañeros, las circunstancias de la vida reivindicaron a Ringo como Beatle con la dimensión que eso significa.

Imposible no emocionarse al verlo así, tan canchero arriba de un escenario, con sus lentes ahumados, su indumentaria negra pegada al cuerpo, con una enorme estrella que se iluminaba sobre su anatomía. Ni que hablar verlo cantar lejos de la batería, meneándose con un movimiento pendular, poco aparatoso, pero con esa magia particular que tiene por ser uno de los cuatros tipos que inventaron la juventud.

Por eso, no extrañó que el affaire con el público porteño se instalara desde el primer tema (Love don`t come easy) y se repitiera cada vez que entraba en acción.

Así, los "ole, ole ole ole Ringo, Ringooo", se repetían cuando el Beatle tomaba la iniciativa del show. Eso no sólo pasó cuando cantaba, por ejemplo, Honey don`t si no cuando se ubicaba por primera vez en el show en su estrellada batería para cantar y tocar Choose love, una de sus últimas creaciones.

Esta propuesta que volvía locos a los beatlemaníacos, era matizada por los hits de los amigos de Starr que, a tono con su trayectoria, siempre está bien acompañado. Desconocidos físicamente, fue una grata sorpresa para los espectadores que Wally Palmar sea quien interpreta el clásico ochentoso, Talking in your sleep (por más referencia, es la del estribillo que dice "tell me that you want me me me"). O el caso de Richard Page, que expuso su imponente caudal de voz para cantar otros clásicos de la noche de la nostalgia como Broken wings y Kyrie. O Gary Wright, el único hispano parlante que evocó al querido George Harrison antes de cantar Dream Weaver.

Ninguno de ellos, sin embargo, se olvidaron que anoche la "Starr", era este chico Ringo y él mismo lo confirmó cuando -sin vanidad- anunció que cantaría una canción "para las mujeres… y para algunos hombres también".

Entonces arrancó con I wanna be your man y ahí el Luna explotó porque la gente no podía creer que escucharía este tema en vivo. Historia pura, como esa canción que el cuarto Beatle la presentó como esa que "conocen todos y si no… se equivocaron de concierto". Tras esa introducción sonó su himno Yellow submarine acompañado de una tímida llovizna de globos amarillos que acompañó el tema más simpático de los genios de Liverpool.

Ringo tampoco se olvidó de su carrera solista de la que puede sentirse orgulloso. Bastó escuchar la ovación que despertó Photograh, de 1973, para retomar la recta final del show con su clásico de clásicos. O "song of the songs", como presentó el mismo Ringo a A little help from my friends, que dio pie para que al final siguiera un coro del emotivo Give peace a chance, en homenaje a Lennon y en línea a ese recurrente mensaje de paz que Starr hace con los dedos de su mano. Tan simple. Tan Beatle.

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