Solo por curiosidad, busqué en Google la expresión "fastest divorces", o sea "los divorcios más rápidos". Encontré ahí una buena cantidad de páginas estadounidenses que ofrecen medios de divorcio tan rápidos como sencillos. Es exactamente lo que la celebridad televisiva Kim Kardashian precisaba, porque apenas setenta y dos días después de casarse presentó una demanda de divorcio. ¿Por qué merece destacarse este caso?
En Uruguay Kardashian no es modelo de nadie y es una persona más de las muchas que pasan por televisión. Aquí se han visto los sucesivos reality shows que tanto ella como su familia protagonizaron, mostrando siempre su modo de vida de ricos y famosos. Hace ya casi tres meses Kim se casó con un jugador de basketball llamado Kris Humphries. La previa de su boda recibió una impresionante atención de parte de los medios y mucho se habló en ese proceso. Una de las cosas que se dijo es que a Kardashian podía no llegar a servirle un divorcio porque todo lo que iba haciendo se filmaba para un eventual reality show sobre la pareja.
Con el divorcio, las cosas han cambiado.
Tal vez para ella el divorcio tenga un efecto complicado con respecto al dinero y cambie algunas cosas. Pero no para el público porque la historia de la separación no deja de ser parte de la misma telenovela de Kardashian, cuya vida real parece una ficción ante los ojos de quienes la siguen por televisión.
Su historia recuerda mucho a la de Paris Hilton, quien nunca se casó pero que siempre fue tema de programas de televisión. Kardashian es tal vez la última exponente de una clase de figuras del mundo del entretenimiento que viven una vida privilegiada y la ostentan en programas de televisión que, a su vez, potencian su capacidad lucrativa. Y cuanto más ricas y famosas son, más atractivas se vuelven para futuros programas de Tv. Es un ciclo del que no se sale apenas con un divorcio. Irónicamente, ese dolor de cabeza puede dar mayores resultados a gente como Kim.