Fue a partir de aquel insólito y primer embarque de troncos de eucaliptos que llevó el barco maderero "Searider" un día del mes de julio de 1988 que despertó nuestro interés por el tema, tras lo cual descubriríamos la ley forestal y sus objetivos abriendo nuestro entusiasmo a un nuevo sector de exportación vinculado al transporte marítimo que prometía mucho. Desde entonces nos dimos fuertemente a la promoción y divulgación de este flamante rubro que daba mucho para soñar. Entonces conocimos empresarios de empuje que vieron claramente el futuro de este movimiento forestal y mientras se conectaban con productores rurales e invertían cuantiosos capitales, salían al exterior a buscar mercados, primeros de los cuales fueron Finlandia, España, Noruega y Japón. Desde entonces hemos escrito de este tema más de 600 notas.
Y entre los numerosas entrevistas que hicimos tuvimos la deferencia de recibir en nuestro hogar al Ingeniero Carlos Colombino, acompañado del Escribano Gerardo Barrios, donde además de su entusiasmo e involucramiento por la forestación nos habló de los verdaderos e históricos pioneros que comenzaron todo esto y en particular una anécdota muy cercana que fue de su padre, don Emilio Colombino, un famoso e importante empresario dueño de una de las principales impresoras del Uruguay instaladas, donde ahora está el Ministerio de Trabajo y antes sobre la calle Piedras. Fue una imprenta de avanzada en la impresión color.
LOS PIONEROS. "En realidad fueron varios los productores que se iniciaron por esta actividad, y sobre todo se contó con la participación de entusiastas orientadores técnicos muy valiosos y reconocidos que estimularon a los inversionistas a volcar recursos a un rubro con un gran futuro. Y mi padre -don Emilio Colombino- no fue ajeno a esta actividad y como todos se sintió seducido por la forestación. Pero aquellos fueron los verdaderos pioneros de la forestación e inspiradores de la Ley Forestal. Más aún fueron quienes redactaron la famosa ley que tanto bien la hizo al Uruguay. Conozco todos sus nombre y temo olvidar alguno.
COLOMBINO PIONERO. Mi padre fue quien forestó la mayor parte de la llamada Costa de Oro. Todas habían sido tierras heredadas de la época de la colonia en calidad de suerte de estancias donde la tierra costera y sus médanos no tenían ningún valor, lo que valía era la tierra de arriba, agrícola; pero la costera eran arenas móviles, según los vientos. Y bueno un día mi padre comenzó a forestar en sus tierras muy pegadas a las de estos vecinos y fueron árboles que crecieron muy bien. Hasta que un día un señor muy conocido por entonces, don Eduardo Márquez Castro le dice a mi padre, "mire yo veo que usted está plantando y le crecen muy bien sus árboles. Nosotros tenemos ahí en un balneario que se llama Solymar donde plantamos árboles, pero se los comen las liebres, las hormigas o los tapan los médanos. ¿Cómo hace usted para que sus árboles crezcan robustos? Mire simplemente, los planto, los cuido y algunas veces los fertilizo. Entonces llegó un día con la proposición: ¿No se animaría a forestar los nuestros? Como no, fue la respuesta de mi padre, proposición que le informó al ingeniero Caldevilla que era su íntimo amigo y genio de la forestación, imponiéndolo de la proposición. Bueno así se hizo, se plantaron más de 2 millones de árboles y crecieron tan bien que algún tiempo después le propusieron a mi padre y a Caldevilla hacer la caminería para convertirlo en una zona turística. Y así se plantaron 1.600 hectáreas en sus comienzos, 400 kilómetros de caminos y ahí salieron los balnearios Solymar, Lagomar, Pinamar Colinas y Médanos de Pinamar, Parque de Miramar. Yo era entonces pequeño y acompañaba a mi padre a todos estos eventos. Así que fui testigo por los años 50, siendo niño de estas primeras iniciativas de mi padre, don Emilio Colombino uno de los grandes impresores del Uruguay, un hombre de inquietudes que gozaba de su trabajo, de sus desafíos, y disfrutaba de cada emprendimiento como satisfacción personal".