El país entero se encuentra agraviado por las declaraciones del presidente francés, Nicolás Sarkozy, quien sostuvo en forma liviana y frívola que Uruguay es un "paraíso fiscal" y que será "apartado de la comunidad global".
Las palabras de Sarkozy, se califican por sí solas. Uruguay tiene actualmente un muy activo tratado de intercambio de información tributaria con Francia. Y mientras que acusa a Uruguay, el gobernante galo omite mencionar a algunos de los más destacados "paraísos fiscales" del mundo, los cuales integran los territorios de ultramar de varios países europeos. Pero a esta altura poco cabe enojarse con el señor Sarkozy. Su escasa estatura como líder global, evidenciada en el desmanejo de la crisis europea y su indigno papel en los últimos meses del gobierno de Gadafi, hace sospechar que puesto frente a un mapa es poco probable que tenga idea de dónde queda Uruguay.
Resulta más apropiado enojarse primeramente con el trabajo que nuestra Cancillería ha tenido en el tema. En círculos financieros se comenta que no es la primera vez que Sarkozy hace referencia a Uruguay de esta manera, y que el manejo dado a las relaciones con la OCDE y con Francia, donde está su sede, ha estado lejos del profesionalismo que la oportunidad exige.
Y en segundo lugar, con algunos vecinos que en los actos y cumbres emiten fervorosas arengas anticolonialistas y almibaradas expresiones de amor continental, pero después asisten a los foros como el G20 y permiten que seamos vilmente insultados de esta manera. Cuando directamente no se dedican a predicar en contra de nuestros intereses en el oído de cuanto gobernante de potencia venida a menos se preste a escucharlos.
Para tomar nota.