DANIEL HERRERA LUSSICH
La ciudad de Montevideo tiene graves problemas. La gente se queja, señala su malestar por decenas de inconvenientes que debe enfrentar a diario, apenas pone un pie en cualquier calle capitalina. Y no se trata del uruguayo que se expresa por un simple capricho, o por razones políticas. Basta observar la basura en las veredas o la oscuridad que impera en las calles de Carrasco, Punta Gorda, Unión, La Comercial, Cordón, Centro, Ciudad Vieja, Prado y, ni qué hablar de barrios carenciados como Casabó o 40 Semanas. Cada poblador en su medida y ubicación vive y soporta los serios vicios municipales pero está obligado a introducir la mano en el bolsillo, sin distinciones sociales, para cumplir con gravosos impuestos, siempre puntuales a la hora de golpear la puerta.
Montevideo es una ciudad que asombra por su belleza natural pero se ensombrece apenas se empieza su recorrido. Hay que saltar o bajar a las calles para escapar, con suerte, a las bolsas de basura, a todo tipo de desechos en mal estado, con fuertes olores, por cierto nada saludables. Poco se hace y, lo que se intenta, da resultados negativos.
Una realidad similar ocurre con las veredas destrozadas; la larga y atractiva rambla también muestra las baldosas levantadas y ausencia de limpieza, hay falta de luz, pozos que asemejan a cráteres. El tránsito, multiplicado en su intensidad en los últimos años, corre sin orden ni control y los accidentes ocupan a diario las primeras planas de los medios informativos. El caos de vehículos es enorme y no se encuentran soluciones para aliviar la creciente problemática. Ni qué hablar de los carritos recolectores de basura, que a toda hora ponen en riesgo la vida de ellos mismos y de los conductores de autos, camiones y ómnibus.
¡LA BUROCRACIA! Poco parece marchar bajo la conducción de una Intendencia con 9 mil funcionarios, un presupuesto que destina 52% a pagar sueldos y algo menos del 15% en inversiones. Y aun así mantiene una deuda acumulada de 85 millones de dólares. Los ingresos de la comuna se estiman que este año rondarán los 500 millones.
Hace poco tiempo la intendenta Ana Olivera, integrante del Partido Comunista, viendo que las cosas no marchaban sobre rieles, mandó realizar sondeos a la empresa Equipos Mori. Los resultados fueron catastróficos. Los números sobre desaprobación de su gestión en febrero se situaron en 45%, y mejoraron el mes de junio al 33%, una mejoría que no da para alegrías: resulta el peor en los últimos 11 años de gobiernos frenteamplistas. Y los juicios no cambian nada en cuanto al funcionamiento de la Intendencia en general: también fueron negativos en 48%.
Para conocer profundamente la situación, desde la interna del Parlamento de Montevideo, dialogamos Edison Casulo, uno de los ediles nacionalistas. Para el entrevistado uno de los problemas fundamentales radica en la mala administración, en el equivocado destino que se le da a los recursos. Cuando hay que enfrentar obras de envergadura se solicitan créditos y sigue en el espiral de endeudamiento. Las obras de saneamiento se impulsan con préstamos del BID, para la compra de camiones se solicita asistencia al Banco República, el Cilindro se vino abajo y hay que licitar por carencia de fondos.
Ahora se intimó a los organismos del Estado a reparar las veredas que están frente a sus edificios. "No se puede intimar, ni obligar a la población a realizar obras cuando el Estado no da el ejemplo", afirma Casulo.
"La basura es uno de los asuntos que mayor descontento provoca en la población, a la cual insistentemente se le solicita mayor colaboración y muchas veces se le marca con el dedo como responsable. Y he visto a cientos de vecinos limpiando el frente de sus casas, levantando paquetes cercanos a los contenedores, realizando una tarea de colaboración. Se dice que la responsabilidad recae sobre dos mil bolseros, que hurgan y dejan afuera los desperdicios y lo mismo se afirma de los 5.500 carritos. La verdad que si es así es una falta imperdonable que 7.500, entre unos y otros, tengan en jaque a un millón y medio de habitantes; no es un argumento sólido", agrega el edil.
Otra razón que colabora para la rotura de las veredas nace de la suspensión de la poda de árboles: las raíces levantan baldosas y el asfalto de las calles.
LOS CARRITOS. Para erradicar los carritos se ha ofrecido capacitación a los recolectores para que se vuelquen a la construcción, buscando que las empresas los pongan en su nómina. Pero el diálogo parece entre sordos. Aunque esa falta de aproximación es lógica: el que va en los carritos redondea los 15 mil pesos mensuales sin obligación de cargas sociales, mientras un peón de obra gana 9 mil líquidos. Pocos o ninguno acepta la proposición de cambio de trabajo.
Otro problema para Casulo que se debe encarar es el de la edad de los que cumplen tareas en el camión de limpieza. El promedio de ese grupo de municipales es de 56 años, y carga y descarga la basura corriendo durante 40 cuadras. Y en muchas oportunidades al volver a la usina le ofrecen hacer horas extra porque en una zona, por rotura del camión o enfermedad de otro operario, no se ha podido realizar la limpieza. A esa edad el funcionario está arriesgando su salud, sin duda.
El tránsito también es un factor que crea las mayores dificultades: importantes zonas de la ciudad están saturadas, enlenteciendo los desplazamientos e incrementando el riesgo de accidentes. ¿Soluciones? Se manejan múltiples; más vías de ida y vuelta, pero el problema es que al llegar a destino es imposible estacionar, como ocurre en la Ciudad Vieja. Se habla de un carril aéreo en el cantero central de Avenida Italia, denominado "peaje sombra", para cuyo uso los autos privados deberían pagar. Sería de dos sendas y un mínimo de velocidad de 60 kilómetros por hora. Es una solución difícil que tendría que encararse por la vía de privados.
Se estableció la senda "Solo bus", como tarea disuasoria con idea de que se utilice más el transporte público. Para cumplir con la misión son necesarios vehículos modernos de plataformas bajas, de alto costo. Las empresas no enfrentan ese aumento de los gastos para comprar nuevas unidades. En cuatro años solo se renovó un 4% de la flota.
LA RAMBLA. El cambio a una sola mano en la rambla, por la mañana de la Ciudad de la Costa al Centro y de tarde en sentido contrario, se piensa que técnicamente sería impracticable por la estructura actual de esa vía. Se necesitaría un diseño especial (como existe en EE.UU. o en rutas europeas para ingresar en vías rápidas) o un gran número de inspectores que ordenaran el ingreso en la rambla. Demandaría enormes recursos de los que carece la comuna.
El edil Casulo ha proyectado ganar tierras al mar en determinadas zonas, por ejemplo desde la rambla frente al Club de Golf hasta el Centro, rellenando con 170 mil toneladas de escombros, que actualmente se arrojan junto a los residuos domiciliarios. Se ganaría así un espacio de entre 4 a 7 hectáreas para uso público.
Una idea manejada fue la de imponer, como en épocas de restricción de combustible, la circulación de vehículos determinados días de acuerdo con el número de matrícula. Fue tal la reacción de la oposición y aun de propias filas, que todo quedó en un cajón.
El cuadro actual de la Intendencia de Montevideo exhibe un triste y desolador panorama. Existen millonarias deudas, se va más de la mitad de los ingresos en burocracia, y solo el 15% se invierte. La conclusión es buscar soluciones en los sectores privados. Pero la resistencia, nacida de viejos principios de la izquierda, traba esas posibles vías para las obras. La paradoja es que no hay fondos para mejorar la limpieza, la iluminación y el tránsito fluido, pero se gastará sí en canales de televisión y en software.