Efecto Bianchi

Sebastián Da Silva

Mientras el gobierno se empecina en batir los récords de "errores no forzados", la oposición sigue sin encontrarle la vuelta a la retórica no frentista. El ambiente político es por momentos casi previsible, aburrido, y sin demasiada perspectiva. La envejecida izquierda uruguaya hace malabares por mantener alguna de sus banderas históricas, y los partidos tradicionales continúan con sus dilemas y complejos que le impiden construir alternativas sólidas para enfrentar las próximas elecciones.

Si sacamos al casco militante, y saliéramos de los corrillos partidarios, nos encontraríamos con una desconformidad en ambos lados del espectro político, unos quieren cambios más profundos que no pueden darse por la probada incapacidad del elenco gobernante, y los otros quieren más firmeza en dejar expuestos los innumerables y groseros errores que diariamente este gobierno le ofrece a la opinión pública.

Es este contexto tan grisáceo, algo tan sencillo, lógico, y elemental como el pedido de mayores niveles de seguridad en un liceo capitalino, generó un efecto mediático solamente explicable en estas fallas visibles del sistema de representación tradicional.

Graciela Bianchi, sola con su alma, puso en tela de juicio, todo el sistema educativo, sin caer en los inservibles diagnósticos. Su clamor por una guardia en la puerta del liceo, refleja lo que le pasa al ciudadano común y silvestre hastiado de la falta de resultados en materia de seguridad. Tras cartón, el impresentable Pablo Álvarez, al decir del Senador Couriel, no tuvo mejor idea que subir en el Facebook algo tan elemental como es una reprimenda de una directora a unos gurises en el liceo.

Nada más gráfico de lo que vivimos, y lo invertida que está la escala de valores. Que el número tres de Educación y Cultura del Uruguay tenga tiempo para esto es patético, que se mantenga en el cargo es aún más insólito, y que existan voces que lo defiendan marca claramente que algo en aquel país del respeto y de la educación valeriana ha cambiado drásticamente en el Uruguay.

Hoy somos todos Graciela Bianchi, todos queremos mejor calidad en la educación, mayor rigor educativo, lógicos niveles de seguridad y por supuesto un elemental sentido del respeto a la autoridad. Sus actitudes grafican las tres grandes falencias graves de la era frentista, esas que no se arreglan ni con millones ni con mayorías absolutas.

Mañana, quizás surjan otros ejemplos, algún día saldrá algún dirigente gremial a cuestionar la utilidad de alguna de las infinitas reivindicaciones sindicales, quizás surja algún empleado público, quejándose que el sistema no lo deja trabajar a toda máquina, o algún jerarca universitario reconociendo las diferencias con su competencia privada.

Necesitamos estas reacciones para que los cambios se activen, para que se mediatice la situación y el sistema político salga de su siesta para atender estos clamores perogrullescos.

El día que esto suceda, al igual que con el ejemplo del Liceo Bauzá, veremos que las diferencias entre los ciudadanos de diferentes partidos políticos son bastante más acotadas que las de sus dirigentes.

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