Los siete mil millones

Bienvenida. Esa debería ser la primera palabra escuchada por Danica Camacho, la niña filipina que se convirtió en la habitante número 7 mil millones de la Tierra. Sin embargo ese no fue el ánimo del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, quien con tono amargo dijo que "el nacimiento del niño no tiene nada de alegre en una fecha como esta". La postura del jerarca de la mayor entidad burocrática global tiene que ver con el debate en materia de población, y el temor acerca de los límites que el planeta puede resistir ante el crecimiento de la raza humana.

En solo 12 años la Tierra ha pasado de 6.000 a 7.000 millones de habitantes, el crecimiento demográfico más vertiginoso de la historia. Cada año nacen 83 millones de personas. Y lo que es más alarmante, la mayoría de los nacimientos ocurren en países pobres. Esto lleva al otro elemento negativo de la ecuación, el hambre. Según la FAO, hoy hay 950 millones de personas en el mundo que no logran incorporar la cantidad de nutrientes necesarios cada día para una vida saludable. La gran pregunta que surge de estas cifras es ¿tiene el planeta la capacidad de alimentar a toda esta gente? ¿Es la sobrepoblación una amenaza al futuro de la humanidad? ¿Podrá la Tierra soportar los 9 mil millones de habitantes que habrá para 2045?

Frente a estas visiones apocalípticas, herederas de un malthusianismo exacerbado, surgen otras más mesuradas que ayudan a matizar ante tanto dramatismo. Lo primero que sostienen es que los pronósticos alarmantes sobre la sostenibilidad poblacional siempre han fallado, por no valorar adecuadamente la capacidad humana de invención y adaptación. Mao Zedong decía que "cada estómago nace con un par de manos" y en la otra punta del extremo ideológico, el liberal Julian Simon afirmaba que "más gente significa más genios para resolver los problemas de la humanidad".

Pero vayamos a los números. Si bien la población crece a ritmo vertiginoso, la realidad indica que en los países que alcanzan un mejor nivel de vida, este proceso se frena en forma drástica. En los últimos 30 años, Europa ha pasado de 693 a 740 millones de habitantes, y eso gracias a la inmigración. El fenómeno ya está incluso impactando en China, donde el último censo (parece que allá funciona bien) mostró que en 10 años la población creció un 5,8%, mucho menos de lo que auguraba la ONU. Teniendo en cuenta el boom económico que China e India han tenido estos últimos años, es de esperar que la tasa explosiva de natalidad, siguiendo esta corriente, se vaya moderando.

El otro tema es el del hambre. Si bien las cifras pueden parecer exorbitantes, no hay que olvidar que los mil millones de personas en problemas representan solo el 13% de la población mundial. Algo que sigue siendo inaceptable, pero que no parece imposible de solucionar. Según cifras de la propia ONU, la agricultura mundial genera hoy 17% más de calorías que hace 30 años, suficiente para aportar al menos 2.700 kilocalorías por persona al día. Lo que hay son problemas logísticos y culturales. Por ejemplo globalmente se tiran a la basura 1.300 millones de toneladas de alimentos, y solo en India un 40% de las cosechas se pierden en el proceso de recogida y distribución.

Pero además, la cantidad de población tampoco parece ser una causa inexorable de la falta de alimentos. Por ejemplo en Asia, Corea del Sur tiene menos de la mitad de tierra productiva por habitante que Bangladesh. Sin embargo en Corea no existe el problema del hambre y en Bangladesh sí. Y en América, Trinidad y Tobago tiene el menor porcentaje de niños mal alimentados y Guatemala el más alto, pese a que el primero cuenta con exactamente la mitad de tierra productiva por persona.

Según Oliver de Schutter, relator especial de la ONU para la alimentación, el planeta con la tecnología actual, podría alimentar de sobra a 7.000 e incluso a los 9.000 millones de personas que poblarán la Tierra en el 2045. Lo que hay es un problema de distribución, de logística, de inequidad, y hasta cultural. Todo lo cual nos debería hacer valorar de una manera más racional y optimista el futuro, ya que si bien el panorama de hoy luce difícil, el camino parece ser el correcto y las soluciones están al alcance de la mano.

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