Ricardo Reilly Salaverri
Escuchar a los comunistas y tupamaros hablar sobre derechos humanos es co-mo oír al diablo predicando el catecismo cristiano.z
Los primeros son solidarios -en el pasado siglo- con el pacto entre Stalin y Hitler, dos de los monstruos más grandes de la Historia universal, al que consecuentes con la orden de sus amos del viejo Kremlin cumplieron sin chistar. Así hasta que Hitler ordenó la invasión de Rusia, entonces se volvieron aliados con el imperialismo norteamericano y Occidente. En nuestro país, cipayos de alma iban a ver a sus patrones rusos y se vanagloriaban de que Uruguay era el país al que habían hecho perder más horas anuales por huelga en el mundo. Recordemos que la Unión Soviética se cayó dejando 80 millones de víctimas. Vino entonces el aplauso hasta hoy, del paredón castrista y la autocracia fidelista, monumental fracaso económico y social -además- y cabecera de un régimen que inspiró a los tupamaros que querían esa solución para nuestra república. Así éstos, a su vez, cometieron las peores tropelías criminales que registran nuestros anales, organizándose arteramente en las sombras de una democracia generosa, asesinando por la espalda a modestos trabajadores, policías, soldados, al peón rural Pascasio Báez, a funcionarios de gobierno; secuestrando a desgraciadas personas indefensas, la mayoría de las cuales -extranjeras- nada tenían que ver con nuestros intereses nacionales. Y, por si fuese poco, tras su liberación en 1984, no solo siguieron conspirando si-no que -Zabalza lo ha confesado- actuaron como mercenarios, recibiendo una paga de decenas de miles de dólares, de los etarras, caterva repugnada por la humanidad, a los que el gobierno uruguayo, en función de la legislación internacional debía entregar a España, por los delitos que allí habían cometido (1995). Y los tupas, amnistiados y libres provocaron, mandados por los etarras, los sucesos conocido como "del Filtro", en los que falleció un joven y los acompañó todo el Frente Amplio con Seregni a la cabeza.
En febrero de 1973, fueron los comunistas los que se ofrecieron a las Fuerzas Armadas para acompañar un golpe de estado "peruanista" (al que creían inspirado en las andanzas del general Velazco Alvarado, un populismo retrógrado que catapultó a Perú a los tiempos precolombinos). Y, la CNT, central de trabajadores dirigida por activistas prosoviéticos, también manifestó su beneplácito por comunicados militares de entonces, que eran vaticinio de lo que se venía.
Hoy nada ha cambiado y lo demuestran a diario (derogación de la ley de caducidad, voto consular, impuesto contra el agro, etc.), con acciones que desconocen a la Constitución, a la Ley y a los fundamentos de nuestro Derecho Penal.
Un botón más de muestra. Un Sr. Marcelo Abdala, confesamente comunista, que con acólitos viene destruyendo a la industria metalúrgica, generando pérdidas cuantiosas a Ancap y al pueblo uruguayo y corriendo inversiones, acaba de decir que la huelga que lidera supone que: "Aspiramos a que todas las empresas sean gestionadas por sus empleados para eliminar la relación capitalista". Estos son los que le marcan el rumbo al gobierno Mujica.