Sutil instalación de Raquel Bessio

Las masacres en el mar inspiran a la artista uruguaya

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JORGE ABBONDANZA

"Puesta en escena" es el nom-bre de la instalación de Raquel Bessio que puede visitarse de martes a domingos en el Museo Nacional de Artes Visuales (Parque Rodó) hasta el 13 de noviembre.

La sensación inicial es la de enfrentar un enorme acuario, bañado por una luz celeste en medio de la cual parecen flotar los peces. Esa sensación está acompañada por una atmósfera de serenidad capaz de sosegar al más impaciente de los observadores, como si lo incorporara a la aparente placidez de ese entorno, invitándolo a prolongar su contemplación, que es un placer. Pero esta instalación de Raquel Bessio tiene el doblez de una metáfora y por lo tanto su verdadero sentido va abriéndose poco a poco, a medida que la mirada del visitante se interna en ese espacio hasta sentir como su inmersión le revela otros significados, que están plegados igual que en una alegoría.

Porque los pequeños peces cuelgan simétricamente de una red de cables y esa posición -sumada a la inmovilidad- demuestra que no son peces sino pescados, ya que además están cargados de anzuelos que penden de sus aletas y su cola, con lo cual la bella puesta en escena adquiere un trasluz fúnebre. Al descubrirlo se advierte que la gran pecera transmitía una imagen engañosa, y que en verdad puede ser el silencioso paisaje de un exterminio. El trazado lineal del tendido de cables se asemeja a una red para la caza marina, que la memoria asocia a ciertas masacres vinculadas con esa fauna, como la inútil mortandad de delfines arreados junto a especies comestibles, la mutilación de tiburones vivos con destino a un plato de la gastronomía asiática, o la sobrepesca de merluza que está despoblando las aguas rioplatenses.

Lo notable es la sutileza con que Bessio abre el acceso a los contenidos de su obra, como suele ocurrir con los buenos poetas cuando confían en la transparencia de su estilo sin necesidad de forzar las figuras de lenguaje ni multiplicar las herramientas expresivas. La artista se maneja apenas con esas figuritas suspendidas de cada cruce de cables, como si esa malla las fulminara con el contacto, y con ello también remite a la suerte de los humanos, que pueden quedar atrapados en otras marañas (políticas, sociales, bélicas) y después colgar como trofeos de esos conflictos igualmente mortíferos.

Habría que saber hasta dónde los sentidos que emanan del trabajo de Bessio figuraban entre sus intenciones iniciales, aunque también es cierto que la elocuencia de una obra de arte va más allá de los propósitos de su autor, independizándose de ellos y creciendo libremente al adquirir vida propia, gracias al impulso de la capacidad creadora que ha puesto en marcha esa comunicación con los demás. En el caso, esa capacidad se manifiesta a través de una constante fineza de trazos y una sugerencia muy leve, de elegancia ejemplar.

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