CARLOS REYES
Luego de una década se reúnen cinco integrantes fundamentales del histórico grupo de danza experimental Contradanza. Lo harán en la Sala Zavala Muniz desde el miércoles 9 de noviembre, ofreciendo la creación colectiva "Bandada".
"Contradanza fue un grupo que funcionó sobre todo desde 1986 hasta el 2000, y después estuvimos 10 años cada una haciendo sus trabajos particulares. Y este año decidimos hacer un reencuentro, haciendo un nuevo espectáculo, que vamos a estrenar ahora. Es Bandada, en el que participamos las cinco integrantes del último período de Contradanza, porque pasó mucha gente por ese grupo, que no están en este proyecto, pero estarán en otras instancias", explicó a El País Carolina Besuievsky, uno de los pilares de la compañía que marcó época luego de la apertura democrática y en los años 90.
En el reencuentro participan Florencia Varela, Verónica Steffen, Andrea Arobba, Florencia Martinelli y Besuievsky, para poner en escena un espectáculo que propone un trabajo en equipo con fuerte presencia de cada integrante. La idea es andar en escena con rumbo libre, por todas partes, sin fronteras, dando al cuerpo un gran espectro de posibilidades, para encontrar nuevas complejidades en su organización, y placer en el devenir de la obra.
"Lo que queremos con este espectáculo es trabajar la idea de un cuerpo único, en el sentido de generar como una unicidad entre las integrantes de la escena: como las bandadas, donde los pájaros van todos en una misma dirección, pero cada uno con su singularidad, con su propia forma de ver las cosas y de hacer. Y en conexión con los demás para ir recorriendo el mismo camino", agrega la bailarina y coreógrafa.
Contradanza se caracterizó por su rigurosidad en cuanto a la investigación y calidad de sus presentaciones, en las que trabajó mucho las relaciones entre las distintas disciplinas, uniendo lo escénico a lo sonoro y lo netamente visual. Es por eso que a la hora del reencuentro se ideó un recital performático interdisciplinario, cuyos ejes son el movimiento, lo femenino, lo musical y lo visual. Pero también la música en vivo, las artes visuales y la dramaturgia.
innovar. "Contradanza, desde el `86 al 2000, hizo una o más producciones por año, con propuestas que tenían que ver con un estudio riguroso del movimiento en función de la narración y expresiones que salían de lo cotidiano. Como ir transmitiendo a través de la corporalidad y la musicalidad, situaciones con las que el público se sentía como conectado, identificado. Creo que amplió un poco el espectro creativo de entonces: teníamos una línea de danza teatro, e integrábamos mucho las disciplinas, cosa que ahora es bastante común", recuerda Besuievsky.
El campo de acción de Contradanza fueron las más diversas salas de teatro, pero también los espacios públicos, que desde la segunda mitad de los años `80 cobraron un lugar especial en la recuperación de la vida en democracia. Pero también los festivales internacionales y las presentaciones en el extranjero, que sirvieron de vasos comunicantes para la escena local, además de las invitaciones de muchos coreógrafos extranjeros a trabajar con el grupo.
Mascotitas de marfil, Escuchando a Mozart, Reflejo fiel, Tres vestidos: fueron muchos los espectáculos que, más cortos o más largos, con mayor o menor número de artistas, permitieron ampliar las fronteras de la danza uruguaya. Desde los trabajos en los que se incorporaban videos, hasta los marcadamente visuales, desde el que utilizaba el tango, hasta la intervención en el espacio público. "Era todo muy pensado desde la narrativa que planteaba: incluso trabajamos mucho con la improvisación, que hasta ese momento tampoco era muy común, como en La carrera del gato, que hicimos en el Solís, donde era la Emad vieja", evoca la bailarina.
"A mí me encanta ver grandes saltos y piruetas y las disfruto mucho, pero hay como dos líneas distintas. Está bueno que se investigue en las distintas direcciones e integrar cosas que dan la posibilidad de lo circense. Pero a mí siempre me interesó trabajar con los detalles que un cuerpo puede expresar, y en eso nos identificamos mucho las integrantes de este proyecto: nos interesa la riqueza del lenguaje físico", concluye Besuievsky.
Bandada irá el miércoles 9, jueves 10, miércoles 16 y jueves 17, siempre a las 21 horas. Las entradas están en Red UTS y en la sala, y valen $ 250.
El cuerpo como un texto
"Nos interesa que el público pueda vivenciar la experiencia que estamos planteando, o que se identifique con alguna cosa de su cotidianidad. No nos interesa tanto el virtuosismo, sino lo que con él podamos comunicar. Y más ahora, que hemos recorrido bastantes cosas. Hoy el cuerpo de un bailarín es un texto que expresa cosas que tiene que ver mucho con ese presente único que están viviendo público y bailarín", dice Besuievsky.