PABLO MELÉNDREZ
El banco de datos genético, una pieza clave para identificar restos de desaparecidos, está incompleto, a pesar de que se creó en 2001. La Presidencia prevé terminar de ingresar la información y unificar los datos existentes en un solo registro.
El hallazgo de un esqueleto en el Batallón 14 de Toledo el pasado viernes 21, reavivó la esperanza de ubicar otros restos de desaparecidos. De hecho, en esa misma unidad militar, se presume que podrían haber al menos otros dos enterramientos, y por ese motivo se amplió el espectro de búsqueda.
Pero la ubicación de restos óseos es solo la primera parte del trabajo, ya que luego se requiere una intensa investigación científica para determinar de quién se trata.
Así, es que cobra vital importancia el banco de datos genéticos que funciona en la órbita de la Secretaría de Seguimiento de la Comisión para la Paz, que se creó en 2001, en el gobierno de Jorge Batlle.
Cuando a fines de 2005 se encontraron los restos de Ubagesner Chaves Sosa y Fernando Miranda, la información que permitió su ubicación en una chacra de Pando y en el Batallón 13 era precisa, por lo que los análisis genéticos comparativos se realizaron solamente con ambas familias.
Sin embargo, podría darse el caso de que se encuentren restos sobre los cuales no haya mayor información, y sea necesario cotejar su perfil genético con el de todas las familias de desaparecidos o, al menos, con los familiares de quienes se presume hayan estado detenidos en ese mismo lugar.
La coordinadora ejecutiva de la Secretaría de Seguimiento de la Comisión para la Paz que depende de la Presidencia de la República, Graciela Jorge, dijo a El País que "se está reactivando" lo relativo al banco genético, y destacó que completar los registros "es una prioridad".
Jorge indicó que si bien no hay un plazo estipulado para terminar la tarea, se buscará que "los familiares de desaparecidos dejen sus datos genéticos para después, a través del ADN, se puedan realizar las pruebas correspondientes".
Actualmente, la información genética que ya se ingresó al banco de datos está dividida en dos partes: una se encuentra en poder de la Policía Técnica y otra está en la órbita del Instituto Nacional de Donación y Trasplante de Células (exBanco Nacional de Tejidos). La idea del Poder Ejecutivo es unificar ambos registros.
Jorge no pudo precisar cuántos registros tiene actualmente el banco genético, pero otras fuentes vinculadas a la temática dijeron que falta ingresar mucha información.
En abril de 2003, el informe final de la Comisión para la Paz, estableció que en Uruguay desaparecieron 26 personas durante la dictadura, mientras que confirmó que hubo 55 casos de desapariciones de uruguayos en Argentina.
DISCONFORMIDAD. El hecho de que el banco genético no cuente con toda la información debida, genera malestar en la organización de Familiares de Detenidos Desaparecidos.
"No estamos conformes con cómo se ha manejado este tema. Entendemos que la base de datos ya debería estar terminada", dijo Ignacio Errandonea, uno de los integrantes de la organización, cuyo hermano Juan Pablo desapareció en Buenos Aires en 1976.
De todos modos, al ser consultado por El País, Errandonea valoró positivamente que ahora la Secretaría de Seguimiento de la Comisión para la Paz "se haya puesto a trabajar seriamente" en relación al tema.
Por su parte, Valentín Enseñat, integrante de la organización de Hijos de Desaparecidos, adelantó a El País que la agrupación solicitará una reunión a la Presidencia de la República para saber "cuántas muestras integran hoy el banco genético y cómo funciona".
Enseñat dijo que los registros de ADN que hay en Uruguay son "de un grupo reducido de familias", y destacó que muchos hijos de desaparecidos pudieron recuperar su identidad gracias a la información genética existente en Argentina.
CONSULTAS. Por otro lado, Enseñat informó que en lo que va de 2011, la organización Hijos recibió ocho consultas de jóvenes nacidos en la década del 70 que creen que podrían ser hijos de desaparecidos.
"En algunos casos saben que son adoptados, entonces parten de la certeza de que no conocieron a sus padres. En otros, cuentan con menos información porque se criaron con padres adoptivos sin saber que no eran sus padres biológicos", indicó Enseñat.