Leonardo Guzmán
Aun director del MEC se le ocurrió "compartir" un video obtenido por cámara oculta -léase por deslealtad- donde la directora del liceo Bauzá frena duro y reprende fuerte a alumnos que halló fumando y tomando vino, los cuales -como documenta la grabación- se le insolentaron.
Enseguida, el Uruguay institucional cuestionó la decisión de ese director y hubo voces que pidieron su renuncia. A su vez, el Uruguay relativista adujo que la directora debió guardar sosiego, reteniendo para sí su convicción de que las autoridades deben mandar, en vez de afirmarla en tono mayor; por lo cual aprovecharon para pedirle que se vaya. Esto último suena a disparate. Todo humano tiene derecho a expresar indignación cuando se topa no ya con travesuras ni indisciplina, sino con la desnaturalización de una esencia noble que tiene a su cargo. Ante las insolencias, no hay un diapasón ni un "reaccionómetro" que a las respuestas les dé el tono y les fije la intensidad.
Enseñaba Lincoln Machado Ribas -abogado, historiador y sociólogo, íntimo de Emilio Frugoni- que los institutos de enseñanza no pueden ser dirigidos por los que no completaron el ciclo que en ellos se imparte, pues no terminaron de aprender de qué se trata. ¿No es eso lo que les dijo la directora a los ensoberbecidos?
Enseñaba Roberto Ibáñez -poeta y profesor, socialista por más señas-, que "el aula es un templo para quien siente la enseñanza". ¿Qué valor podría entonces transmitir a los alumnos una directora -de esos templos que son las aulas- si no enfrentase firme el vapuleo?
Por lo demás, ¿qué valor ganó la enseñanza pública cuando se la separó del ideal de formar hombres y se la rebajó a peón de brega de la adaptación prelaboral, rebanándole idiomas y materias humanistas? ¿A qué abismos podremos descender si colocamos en entredicho a la directora que planta un ¡basta! donde debe?
La Dra. Graciela Bianchi -con quien hasta ahora no he tenido trato directo- en sus intervenciones trasluce un espíritu integrador del arco que va desde la historia a la sensibilidad, la inteligencia y el Derecho, entendido como paz y como lucha. Es visible que su batalla contra la degradación se apoya en el concepto de la historia "come pensiero e come azione", como pensamiento que se hace acción, según luminosamente proclamó Benedetto Croce; en vez de quedarse en la molicie tentadora de los cargos estructurales, quiso volver a la arena de la gestión enseñante. Y eso le da una autoridad de conciencia que debemos reconocerle todos, no porque su persona lo precise sino porque el país necesita que se afirme a los ciudadanos respetables, que se saque de la angustia y la soledad a quienes sufren por la decadencia de la cultura y que se le devuelva al Derecho sus bases humanistas.
En una República cuyo Parlamento acaba de dar saltos en el vacío para violar plebiscitos y derogar la irretroactividad de la ley penal, nos esperan demasiadas batallas por la libertad como para pasar distraídos ante el clamor ciudadano a favor del sentido común que ha generado este episodio del Bauzá, nombre de liceo, apellido de historiador, nombre y apellido de esperanzas.