Un otoño mundial

JORGE ABBONDANZA

La invitación circuló por las redes sociales de internet. Convocaba a los jóvenes a movilizarse el sábado 15, cuando se cumplían cinco meses del enorme campamento que los "indignados" armaron en la Puerta del Sol de Madrid, para hacer público su repudio a una crisis económica internacional que atribuyen a las manipulaciones de los bancos y del circuito financiero. Para entender ese clamor juvenil hay que conocer las cifras de desocupación en España, que superan el 40% entre los menores de 25 años, aunque esa penuria laboral no se limita a la península ibérica sino que acompaña la depresión del mundo desarrollado desde hace exactamente tres años.

La concentración que comenzó el 15 de mayo había sido un éxito de transcurso pacífico, concurrencia masiva y difusión planetaria, pero ahora se sabe que no fue un hecho aislado. Lo que ha ocurrido después le asegura a ese encuentro un lugar en la memoria histórica, al lado del otro mes de mayo que sacudió París en 1968. En este caso es un anuncio que emite el malestar de la gente, enfrentada a las torpezas de la política internacional, a los abusos de sectores económicos y al precio que por ello debe pagar una población golpeada directamente en el bolsillo. Pero más allá de los móviles, lo inesperado es la escala de lo que sucedió.

Porque los convocantes esperaban una buena respuesta, sobre todo de la Unión Europea, pero obtuvieron en cambio una movilización descomunal, con 950 marchas en ciudades de 82 países, desde Río de Janeiro o Buenos Aires hasta las 200.000 personas que desfilaron por Roma y las 150.000 que confluyeron sobre Madrid, sin olvidar las que se concentraron en Londres, Frankfort y Hong Kong. A todo eso se agrega la agitación paralela en Nueva York, una corriente de inspiración similar denominada "Ocupa Wall Street", que sigue acampada en el Parque Zuccotti de esa ciudad, además de las multitudes que invaden diariamente la Plaza Syntagma de Atenas, como reflejo del cataclismo económico o de los ajustes presupuestarios que castigan a los más débiles.

Cinco meses después de la aparición de los "indignados", que puso en estado de alerta a los gobernantes del hemisferio norte, aquella primavera madrileña ha crecido hasta transformarse en un otoño mundial.

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