No tengo nada en contra de que el gobierno, el Frente Amplio y una parte relevante de los uruguayos insistan en escarbar, literalmente, en el pasado. Lo que me cuesta entender es por qué no pueden, a la vez, ocuparse del presente y trabajar para el futuro. Y por qué dedican tantísimo más tiempo a lo que ya pasó que a lo que nos pasa hoy y a lo que nos sucederá en el porvenir.
Queda claro que para una parte importante del Frente Amplio el tema de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar dista de estar cerrado. Ni dos consultas populares ni pasarle por arriba alegremente a la Constitución alcanzan para detenerles en su afán de mantener la mirada fija en el retrovisor. Al que no piensa igual, dentro de la izquierda, le consideran un traidor. El que discrepa desde la oposición es simplemente una persona despreciable, que no quiere verdad y justicia. Pero la verdad es que tampoco hubo justicia verdadera para muchos policías y civiles asesinados por la guerrilla en tiempos de democracia. ¿Quién se hace cargo de la infame muerte del peón rural Pascasio Báez? Nadie. ¿Y qué hacen ante eso los defensores inclaudicables de la verdad y la justicia? Nada. Investigar pondría en problemas a algunos prohombres de la izquierda. ¿Para qué andar revolviendo?
Pero mientras el país todo se enfrasca una y otra vez, desde hace 26 años, en este debate, el mundo sigue andando. El presente pide cancha. El futuro está a la vuelta de la esquina. La educación se cae a pedazos hoy y eso nos costará caro mañana. La inseguridad afecta a todos, sin distinción de simpatías partidarias. La salud pública es un desastre y la salud privada ya advierte que la reforma implementada por la administración Vázquez debe rediscutirse. La dirigencia sindical se ha desbordado y está comenzando a correr inversiones. La carga tributaria, excesiva para muchos, parece siempre insuficiente para seguir financiando subsidios a quienes tienen poco o nada, pero a los que ninguna contrapartida se les pide frente a este esfuerzo de todos. El gasto público no hace sino crecer, como si la bonanza de hoy fuera a durar para siempre. La actitud crecientemente proteccionista de Argentina y Brasil preocupa, y el Mercosur es apenas una mala caricatura de lo que se proyectó.
Podríamos seguir enumerando problemas que representan desafíos que el sistema político todo debiera encarar mañana mismo, sin demoras. Sin embargo, el gobierno y el Frente Amplio sólo parecen tener tiempo y ganas para discutir del pasado o, en todo caso, para comenzar a armar la ingeniería electoral que en 2014 les permita mantenerse en el poder otros cinco años.
Señores, la ciudadanía elige a sus gobernantes para que gobiernen. Y gobernar incluye tener una visión sobre un pasado doloroso y ocuparse de esos temas, pero no a costa de ignorar dos pronunciamientos populares, de obviar la Constitución, y de rifar el presente y fundamentalmente el futuro de una sociedad.
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