Tragedia, humor y payasos

| Llega "Balada triste de trompeta", el film más personal del director español

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MATÍAS CASTRO

Alex de la Iglesia, uno de los cineastas más importantes de la actualidad en España, vuelve con su última película, la comedia negra "Balada triste de trompeta", que se estrenará este viernes en cines.

"Esta película es un exorcismo", dijo en una reciente entrevista publicada por un diario argentino. También, sostuvo, es su película más personal. No en vano es la primera de su carrera que escribe por su cuenta, sin la asistencia de su viejo colega Jorge Guerricacheverría, con quien hizo películas notables como 800 balas, La comunidad, El día de la bestia y muchas otras.

Según un comentario del periodista argentino Diego Lerer, Balada triste de trompeta refleja perfectamente la forma de ser de este director de cuarenta y cinco años. La película, de acuerdo a ese cronista, es a la vez intensa, agresiva, racional y tierna, además de muchas otras cosas. Surgió de un deseo un tanto particular que sintió el director. "Me gustaría rodar una película sobre un payaso asesino" explicó al estrenar el film en Madrid, hablando sobre la gestación de la idea. "Pero ¿por qué se convierte en asesino? Por algo que le pasó en el pasado a su padre, que murió construyendo la cruz del Valle de los Caídos. Pensamiento automático: la historia surge a borbotones... Una lucha a muerte, por venganza".

La idea no estaba muy alejada del argumento final del film. Comienza durante la Guerra Civil Española, cuando un payaso es interrumpido en medio de una función de circo, es reclutado para una milicia, armado con un machete y obligado a enfrentarse a un pelotón entero. El resultado de ese enfrentamiento constituye el prólogo de la historia y debe verse para creerse. Luego la historia salta a 1973 para contar la historia y lucha entre dos payasos, uno triste y otro alegre, quienes disputan el amor de una mujer. Uno de ellos es el hijo del payaso que fue forzado a luchar en la Guerra Civil, cosa que lo obligó a crecer con fuertes traumas.

En cierto sentido la presentación de la trama recuerda al argumento de Muertos de risa, en la que dos populares comediantes televisivos (El Gran Wyoming y Santiago Segura), cada uno con su personalidad, terminaban por odiarse fuera de cámaras. Aquí, Javier (Carlos Areces), trabaja en un circo interpretando al payaso triste, mientras que Sergio (Antonio de la Torre) hace las veces del payaso burlón, aunque en su vida privada es un tipo agresivo y alcohólico que somete a su novia Natalia (Carolina Bang). En este contexto Javier se enamora de ella y así comienza la disputa.

"No quiero hablar por los demás, pero siento que, al menos para mí y para el personaje, la película representa un poco la historia de España. Tenemos un pasado muy doloroso que condiciona nuestro presente. Todos, a través de nuestros padres y abuelos, sufrimos la Guerra Civil, y llevamos la tortura de ese dolor a lo largo de nuestras vidas. Al personaje y a mí nos cambia la vida, nos influye poderosamente. Javier ve todo a través de ese prisma, de la experiencia de su padre. Y eso le destroza la vida. Allí está la esencia y el sentido de esta película" dijo el director al diario Clarín.

En otra oportunidad el realizador la definió como una historia de amor que circula por los códigos del humor pero que también tiene elementos de terror y hasta tragedia. La combinación de géneros no es extraña en su filmografía. Esa cruza de humor, amor y tragedia ya estaba presente en Muertos de risa, pero también había humor y suspenso a lo Polanski en La comunidad, o western, tragedia y drama en 800 balas.

Una de las explicaciones que el cineasta dio sobre lo personal que es para él este film, luego de la insulsa Los crímenes de Oxford, tiene que ver con sus recuerdos de la infancia. "La cuento desde mi punto de vista, lo que para mí fueron aquellos años de mi infancia. La sensación que tengo es de que fueron una pesadilla, una alucinación. La recuerdo como una época de mucha violencia y hostilidad, en que las cosas ocurrían y no sabías por qué ni cómo; algo que conformó mi carácter y mi manera de ver el mundo", sostenía.

Pero De la Iglesia ya tiene película nueva en España, aunque aún no ha llegado a los cines. Se llama La chispa de la vida, está protagonizada por José Mota y trata sobre un ficticio publicista que se basa libremente en el creador de los eslóganes de Coca-Cola en los años ochenta. Roberto Gómez (Mota) vive una situación económica desesperada y nadie valora su éxito del pasado. Haciendo un trabajo para sobrevivir, sufre un accidente y queda empalado de una forma tan rara que los bomberos no pueden sacarlo por temor a matarlo. Los medios se agolpan a su alrededor y, en medio de esta situación desesperada, el hombre decide emplear una estrategia publicitaria para capitalizar la atención que recibe en esta situación extrema. El cineasta, como se ve, tiene un sentido del humor y una forma de tratar las desgracias que pocos poseen.

Imprescindibles entre varias películas importantes

El día de la bestia

1995

Un cura cree que el anticristo nacerá en Madrid y comienza una búsqueda para evitarlo. Lleno de humor negro, el film fue la revelación del director y de Santiago Segura.

Muertos de risa

1999

Santiago Segura y El Gran Wyoming protagonizaron una historia sobre dos comediantes de gran éxito pero que en secreto se odian a muerte. Drama y comedia magistral.

800 balas

2002

Protagonizada por Sancho Gracia, es un homenaje al western. Gracia es un veterano actor que vive de un espectáculo turístico en Almería, donde filmaban westerns.

España entre dos payasos

El País de Madrid | Toni García

1 ¿Es esta su película más española?

Totalmente, sin ninguna duda y con todo lo que eso supone. Un gran esfuerzo y un gran sufrimiento, pero al mismo tiempo un gran disfrute… España es un país partido en dos, cuando uno ríe, el otro llora y viceversa. Y los dos bandos quieren a la misma y con el mismo cariño expresado de formas distintas… hasta que al final se la acaban cargando.

2 Entonces, ¿no tenemos remedio?

Eso dice un personaje: "Este país no tiene remedio". Yo creo que tiene remedio pero deberíamos dejar de ser nosotros mismos, pero va a ser difícil...

3 ¿Aspira con su película a que lo de "eres un payaso" adquiera ahora un significado distinto?

No (risas), a mí los payasos me dan miedo y además creo que esta no es una película de circo, no quería que se viera el circo. El payaso es en realidad un tío disfrazado para hacer reír y eso es lo que me interesa, los payasos son gente que está intentando desesperadamente hacer felices a los demás con un disfraz ridículo. ¿Qué pretenden? ¿Por qué creen que con ese disfraz me van a hacer reír? Por eso primero hay un odio hacia ese ser extraño y repulsivo, y por otro lado hay un cariño enorme, porque hay una inocencia tan brutal en eso de creer que con esta tontería me van a hacer reír a mí que de repente yo mismo me siento un payaso. ¿Cómo voy a pretender yo que se rían con mis películas? Yo me veo como un tipo que se exhibe de una manera ridícula ante los demás enseñando lo que piensa y lo que siente, y a quién quiere y a quién no, y como ve el mundo. Eso me resulta tremendamente humillante.

4 Ha dicho que tiene alma de payaso ¿De ahí sale su película?

Bueno, creo que sale de una frase de Luis Buñuel que, evidentemente, no habla muy bien de mí, ni de Buñuel (risas). Este decía: "El máximo acto surrealista es salir con una ametralladora a la calle". Y me imaginé a un payaso con una ametralladora y me pregunté por qué iba el payaso con la ametralladora. Pues por su pasado, un pasado que le condiciona, como a mí, como a tanta otra gente, un pasado del que no es culpable. Esa guerra entre hermanos que vivieron nuestros padres y abuelos de la que no somos responsables.

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