Nueva moda

Si un caricaturista quisiera representar al gobierno del Frente Amplio a través de sus rasgos más típicos, debería dibujar una señora ancha de caderas cargando cuatro bolsos de feria con leyendas diferentes, referidos a una cristalinidad no respetada; a violaciones de la privacidad; a casos de inconstitucionalidad y a un desconocimiento sistemático de la voluntad popular, ya consumado con la ley de caducidad y en lo cual intenta reincidir. Ahora debería agregarse un quinto bolso para cargar las leyes aplicadas antes de que el Parlamento las apruebe.

La famosa cristalinidad y el anunciado fin del clientelismo se han estrellado contra reiterados dictámenes del Tribunal de Cuentas y contra juicios perdidos por reclamos, manteniéndose como frutilla de la torta el caso de la Ministra de Desarrollo que colocó en su Ministerio al novio de su hija y a los eventuales suegros y la última estadística dando cuenta de los ochocientos cincuenta mil (!¡) beneficiarios de las gracias del Mides.

Las violaciones a la privacidad, por su parte, no se limitaron a la voracidad de la Impositiva en averiguar donde mandan sus hijos a estudiar los uruguayos y en que clubes deportivos entrenan, después de visitar a los vendedores de autos y a las inmobiliarias del Este, sino que registraron otras formas en la creación de un cargo de Coordinador de Inteligencia, dependiente exclusivamente del Presidente; de los Delegados Departamentales; de un Centro de Riesgos Crediticios ofrecido por el Banco Central, la investigación de los gastos de familia de los usufructuarios de las ceibalitas y hasta el BPS golpeando puerta tras puerta en búsqueda del servicio doméstico.

Los casos de inconstitucionalidad, en tercer lugar, no son un calificativo al que se recurra sin razón, como lo señaló el Presidente en Europa, sino la respuesta ante una actitud sistemática de promover y aprobar leyes que reúnen esa calidad, en una crítica que no sólo le dirige la oposición sino que también comparten especialistas y militantes frenteamplistas.

Ahora, en otro ejemplo de imaginación cosmogónica, encontraron una nueva manera de llevar a la práctica sus desbordes a través de la aplicación anticipada de leyes que no se han aprobado, imponiéndolas por acto de autoridad. Hace cuatro meses se supo que en el astillero del FA, desde donde partió un averiado "Seguro Nacional de Salud" se había construido un nuevo buque insignia con el nombre de "Plan Juntos". Se trataba de un plan de viviendas sociales, a cargo de dos arquitectos y "una militante" (¿?) que actuarían bajo "el control político de la primera dama Lucía Topolansky", registrándose una "experiencia piloto" concretada en un edificio levantado en el mes de abril en Ruta 5 y Batlle Berres. Lo más criticable se encontraba perdido en la información al señalar que no había forma de "resolver quienes serían los participantes del Plan" ni tampoco forma de inscribirse ya que debía aguardarse a que un equipo del Estado visitara los interesados y aceptara incluirlos en el mismo.

Todo pudo parecer en su momento una buena idea al servicio de un propósito compartible, aunque discutible en sus mecanismos de implementación, confiando en un ajuste parlamentario que no se hizo.

Lo que vino a enturbiar aquellos méritos fue la versión de que en el departamento de Salto el buque insignia tenía su amarradero en la sede del MPP y la comprobación de que recién el 19 de octubre o sea la semana pasada, el proyecto fue aprobado por el Parlamento, por lo cual todo lo que se hizo desde abril fue al margen de la ley, culminando en un texto muy castigado por la oposición que lo calificó de "sectarista" a quienes se sumó un Secretario del Partido Socialista, quien denunció que el sector del Presidente "incurre en clientelismo político en el manejo del Plan".

Una vieja expresión popular argentina ("el campo se les hizo orégano") ha tomado carta de ciudadanía entre nosotros, ante la habitualidad de quienes en sus desbordes no se detienen frente a nada, siguen creyendo que el país es una estancia y que pueden hacer lo que quieren y como quieren. Hay que frenarlos.

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