Matías Castro
Rubén Rada duerme. Es miércoles y está en un ómnibus rumbo a Punta del Este, tras un viaje corto a Buenos Aires. Abrazado por Morfeo, no escucha el celular que suena para una entrevista.
Su miércoles empezó a las seis de la mañana, cuando se levantó en un hotel de Buenos Aires para ir al programa de Roberto Petinatto. El día anterior había comenzado más o menos a la misma hora y se extendió hasta las dos de la madrugada, con una larga agenda de atención a la prensa argentina para promocionar allí el lanzamiento de Confidence, el disco instrumental que acaba de editar. Al mediodía de ese miércoles volvió a Uruguay para saltar del barco a un ómnibus que lo llevó directamente y dormido a Punta del Este, donde esa noche ofrecería un concierto dentro de un evento privado para el que había sido contratado. Eso también se extendió hasta después de la medianoche. Al día siguiente volvió a levantarse temprano con su banda para embarcarse nuevamente hacia Buenos Aires, donde en la noche presentó el disco con un concierto en La Trastienda. Pero en esa tarde, entre que llegó a la capital argentina y el comienzo del show, tuvo prueba de sonido y un breve show aparte.
Por eso la hora de la entrevista telefónica llegó el jueves hacia el mediodía, nuevamente en pleno viaje. Esta vez iba en pleno cruce del Río de la Plata junto a su banda.
La cosa no terminaba ahí.
El viernes volvió a Uruguay, donde ya tenía agendado un concierto en el Interior junto a La Calenda, una histórica banda de candombe y funk con la que tiene muy buena relación y de la que habla maravillas. Esta semana comenzará a hacer prensa en Uruguay para apoyar el lanzamiento local de Confidence y, además, preparar el concierto con el que lo presentará oficialmente en La Trastienda de Montevideo el viernes que viene. Para un músico de sesenta y ocho años y más de cinco décadas de carrera en la música, que ha dicho más de una vez que piensa en retirarse, todo esto parece demorar esa eventual jubilación.
Y a lo enumerado se suman dos proyectos más.
Pero de eso hablará después, porque el primer tema de la entrevista tiene que ver, lógicamente, con su disco nuevo. "Un día me levanté pensando en que no me gustaban las letras que hacía", contó. "Me junté entonces con Monte (el tecladista y arreglador Gustavo Montemurro) y empezamos a probar composiciones. Luego grabamos en Sondor las bases con el resto de los músicos y en dos días tuvimos las diez. Después tuvimos como un año de trabajo en estudio para grabar las guitarras y los demás instrumentos". Esto que se cuenta como un relato sencillo y relajado, se dio al mismo tiempo que el proceso de grabación de Fan, su disco de covers editado en 2009. La coordinación de horarios fue un factor que demoró el proceso ya que además de las sesiones de grabación de Fan también dependía de los compromisos de algunos de sus músicos que tocan con la Filarmónica y en la Orquesta Municipal. "Demoró porque no teníamos tiempo. Pero si medís el total, habremos estado un mes para grabar el disco".
Tras una primera escucha, Confidence se muestra como un disco suelto que parece pensado para ser tocado en vivo más que reproducido en un equipo de audio. Hay, tal como él dice, candombe, jazz y rock. El candombe pasa por el lado de la percusión, a la que Rada se dedica aquí con ganas. El jazz tiene que ver con la improvisación y libertad que hubo durante la grabación. Y el rock viene, sobre todo, por el aporte de su hijo, Matías Rada, guitarrista de veinticinco años que también toca con los Illya Kuryaki y Martín Buscaglia. Matías era seguidor del metal, aunque en estos años se ha inclinado más por el funk, cosa que tiene buena presencia en el disco. De hecho, una de las cosas que más resaltan del disco son sus solos de guitarra, con los que rompe con el aire de candombe o jazz de varias canciones. "Es bien roquero, metalero", explica su padre. "Traté de explicarle que la música no pasa solamente por ahí, que hay que escuchar de todo, Gilberto Gil, Tom Jobin y también Vivaldi, Bach. Lo invité a tocar y lo hizo bárbaro. Lo invité para abrir un poco la cabeza armónicamente".
Una de las cosas que Rada disfrutó en este disco fue, justamente, armar una banda y encontrar una excusa en la música instrumental para que todos se puedan lucir. Por lo que adelanta, el recital del viernes que viene tendrá un buen espacio para eso, incluso con un buen margen para la improvisación y para que algunos de los instrumentos agreguen o cambien cosas a los sonidos del disco. "Mi idea es que la gente conozca esos músicos del disco. Algunos de ellos tocan con la Filarmónica y otros están tocando por todos lados. Quiero que la gente conozca a los músicos uruguayos. Siempre me gustó armar bandas, desde la época de Opa y Totem. Y que esta sea instrumental me gusta más porque me puedo divertir haciendo percusión y tocando de todo, incluso trompetas".
Pero de todas maneras se cubre de antemano y aclara sobre el concierto cercano: "La intención es divertirse, no vayan con ánimo de críticos". La banda que lo acompaña no es formada precisamente por recién llegados: Gerardo Alonso (bajo), Montemurro (piano), Miguel Leal (trompeta), Osvaldo Fattoruso (batería), Santiago Gutiérrez (saxo), Matías Rada (guitarra y voz) y Artigas Leal (trombón).
Y, a pesar de que es un disco instrumental, se permite cantar, o más bien tararear, algunas frases en un par de temas. También se permite hacerlo durante la entrevista, cosa que suele hacer a la hora de hablar. Eso da un aire de cierta alegría cuando habla de que, además de todos los compromisos que tiene que cumplir por Confidence, trabaja en dos discos más. Para uno de ellos ya tiene dieciséis canciones. Para el otro, que se llamará Moroso Pop, tiene unas quince. Estos proyectos lo alejan un poco del agitado trabajo de promoción. "Todas esas cosas me están matando", dice sobre la agenda de promoción y recitales a las corridas. "Y lo hago porque no soy Ricky Martin, que hace un show y se lleva cien mil dólares. Para juntar ese dinero tengo que hacer cuarenta shows. Esto es más trabajo que otra cosa".
"Quisiera morir con discos"
En tiempos en que la música circula más en archivos digitales que a través de CD, Rada dice que si él pudiera editaría dos discos al año. La realidad uruguaya, desde su punto de vista, es especialmente favorable para que los músicos editen tan seguido. Además, en estos tiempos digitales, está decididamente en contra de la piratería. "Como soy amante del disco, creo que es una forma que no debe morir", dice. "La gente tiene que tener el disco, leer el librito y ver todo eso. Quisiera morirme viendo que hay discos en la calle. Que pasen la música a MP3, pero que paguen. Si me sacás una foto y la uso para un disco una vez, te tengo que pedir permiso y pagarte para volver a usarla. Ese tipo de cosas están desprolijas en Internet".
"Tuve que entender que Internet sirve"
En alguna oportunidad Rada ha dicho que no le gusta ser el centro de nada. Sin embargo, en noviembre tendrá que serlo obligatoriamente cuando reciba un Latin Grammy por su trayectoria. "Para mí es como una jubilación", dice. Hasta no hace mucho tiempo su relación con Internet era distante. Pero la realidad lo hizo acercarse al medio y redescubrir las posibilidades de comunicación y divulgación que ofrece para músicos y artistas. "Después de tantos años haciendo música que te jubilen con un Grammy, como el Oscar a Glenn Ford, es un premio. Y lo mío tiene que ver con que el asunto de Internet, aunque no me lo banco porque la gente se baja las canciones, permite que en el mismo instante en que hablo contigo eso aparece en todo el mundo. Eso permite que mi música haya llegado más rápido a los Grammy. Ahí tuve que entender que Internet sirve para mucho".