Los hechos parecen demostrar que la predicción de nuestro editorial del 30 de septiembre -"un trajinar azaroso"- cuestionando la convicción que había arraigado en muchos en cuanto a que Tabaré Vázquez sería el nuevo presidente de la República, no estaba lejos de la realidad y era por lo menos apresurada. Decíamos esto con la misma convicción que el afirmar ahora, en caliente, la tesis contraria, pecaría por lo mismo.
Vázquez se perfilaba como el "malla oro" imponiendo una suerte de convivencia entre un presidente en funciones y otro presidente que va ganando las elecciones siguientes, que ostensiblemente se miran de reojo. En el editorial mencionado decíamos que Vázquez no sólo había tenido problemas en su gobierno dentro del mismo Frente Amplio, sino que lo más sugestivo era que aún con altos índices de popularidad había terminado derrotado. En el Frente Amplio manda el Plenario y éste le cerró el paso al candidato de Vázquez -el Cr. Danilo Astori- imponiéndole la candidatura de Mujica.
Los hechos son tercos, y los posteriores a este contraste de la pretendida autoridad de Vázquez con la realidad interna de la coalición, lejos de aventar las dudas sobre el "ya ganó" que alentaban una eventual futura candidatura del expresidente, las aumentaron. Es elocuente el resultado de las elecciones del Pit-Cnt teniendo en cuenta el fuerte poder de gravitación de los gremios en estos gobiernos de izquierda. De acuerdo con él, la alianza del Partido Comunista, el MPP y el Socialismo, le ganó con luz a "Articulación", que se alinea con la conducción económica de Vázquez y de Astori. Ello sugiere que si la tendencia se refleja en el Plenario, que es quien digita las candidaturas, el gran objetivo que la izquierda "dura" pretenderá para el próximo gobierno será justamente el de un cambio en la política económica.
El episodio del discurso de Vázquez ante una veintena de estudiantes universitarios relatando su pedido de apoyo a Estados Unidos ante la eventualidad de un conflicto bélico con Argentina en el año 2006 por la instalación de Botnia, admite distintas interpretaciones. A primera vista pensar que por esa vía Vázquez quiso provocar una reacción de los sectores frenteamplistas que no le son adictos para entonces retirar su postulación y abrir así la posibilidad que toda la coalición le venga a pedir que deponga su actitud y salir así fortalecido, puede parecer demasiado elaborado.
Sobre todo teniendo en cuenta que importantes figuras de los no alineados con él -los senadores Topolansky y Agazzi por ejemplo- se adelantaron en manifestar su desagrado con su actitud, lo cual no es fácil de compatibilizar con apelar a la reflexión para cambiar lo decidido. En política las carambolas a tres bandas se pueden intentar y ocasionalmente tienen éxito, pero aquí se dependería demasiado de un centro de opinión inextricable de respuestas imprevisibles, como lo es el Frente Amplio, para que pudiera prosperar.
Aunque la autosuficiencia pudo llevarlo al desborde de los límites de la prudencia y del pudor político, visto el ámbito reducido de su auditorio, quizá no midió que su exposición, en la que llegó a tomarle el pelo a la Fuerza Aérea, no tuviera trascendencia. Sólo él sabe el porqué de su actitud, pero en la opción entre la inconsciencia y la ligereza, no queda margen para la disculpa.
Que se retire de la actividad política, para Mujica no es una tragedia y para Brovetto es un terremoto. El Frente Amplio debería asumir una sola explicación oficial, en lugar de seguirse tirando con misiles de un lado y otro según quién sea el que habla. Pero lo cierto es que aún antes de este resbalón -después del cual no le va a resultar sencillo acomodar el cuerpo- Vázquez ya no las tenía a todas consigo. Quién lo sustituirá, si se diera el caso, como postulante a la candidatura de la izquierda, hoy es una adivinanza.
El Frente, como el Rey, está desnudo. Parece ser el momento que en el debate político se lo digan, y le pasen de una vez las facturas que deberá pagar.